¿Conoce usted a Rafael Santos Badia?
¿Lo ha visto alguna vez?
¿Ha estrechado su mano y conversado con él, aunque sea una primera vez?
¡Probablemente no!
Yo sí lo conozco, hace más de 40 años, siendo apenas un joven con ideas revolucionarias, militando en organizaciones de izquierda, en los sindicatos y federaciones de trabajadores como la Central General de Trabajadores (CGT), Línea Roja del 14 de junio, Unión Patriótica (UPA), Estructura Unificada Pro-PTD y la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), entre otras.

Eran los años 70 cuando nos encontrábamos recorriendo los barrios populares, caminando las calles polvorientas exigiendo justicia y libertad, gritando, “¡medio millón para la universidad! (UASD), aumento de salario, libertad sindical y otras reivindicaciones. ¡Eran años difíciles!
El apresamiento, la golpiza, la cárcel, el exilio y la muerte asechaban en cada espacio de la lucha revolucionaria. El otrora joven Rafael Santos, cuyo seudónimo ya olvidé, siempre estuvo en primera fila.
Rafael Santos ha sido, desde muchacho, muy inquieto, trabajador, honesto y buen amigo.
Fuimos militantes, entonces una categoría, de la Línea Roja del IJ4, de la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), luego UNER y simpatizantes del grupo FRAGIA; (“pensamiento y acción fundidas en armas contra la injusticia”).
Sin haberse graduado de bachiller, ya era maestro en su barrio. Logró titularse gracias a la buena voluntad de doña Ligia Amada, entonces secretaria de Educación, Bellas Artes y Cultos, luego se graduó de abogado, hizo maestría, ya adulto. Siempre le gustó leer, formarse, adquirir conocimientos y cultura. Fue autodidacta durante mucho tiempo, lo cual, lejos de restarle méritos, se los da.
En todas las organizaciones, políticas, económicas y sociales, Rafael Santos ha dejado una impronta, una huella imborrable. Lo hizo en el PTD, en la ADP, en INFOTEP y lo hará en el MESCYT y en las demás instituciones donde sea colocado por el presidente Luís Abinader. No tengo dudas.
Rafael Santos viene de abajo, del subsuelo, escalando posiciones políticas, económicas y sociales gracias a su dedicación y entrega, pensando y trabajado a favor de la sociedad que lo ha visto crecer y desarrollarse.
Ha sido funcionario en varias ocasiones, diputado, secretario general de la ADP, director del Instituto de Formación Técnico Profesional (INFOTEP) y ahora, como ya dije, ministro del MESCYT convirtiéndose en un hombre de Estado, con un gran futuro político que no puede ser dañado por la difamación y la injuria.
¿Conoce usted al profesor Rafael Santos? ¿No?
¡Ya lo conoce! Un hombre bueno, amigo de los amigos, compañero de sus compañeros, amante de la buena música y la lectura.

