Un rostro habitual en redes y una frase llamativa bastan para retener a miles de personas hasta el final del video: “Hola, hoy te traigo un menú semanal por menos de 20 euros”. Este tipo de contenidos, que prometen comidas saludables y económicas, se ha vuelto cada vez más frecuente. Sin embargo, surge una pregunta clave: ¿son realmente seguros y fiables para todo el mundo?
En temas de alimentación, la información debería provenir de un dietista-nutricionista colegiado o de un profesional sanitario con formación acreditada, advierte a CuídatePlus la dietista-nutricionista Paz Pérez. Según explica, la popularidad de un creador de contenido no garantiza que sus recomendaciones sean adecuadas para todas las personas, ya que muchas veces se basan en vivencias personales. “Se toma una experiencia individual y se generaliza, además de que en muchos casos existen intereses comerciales detrás, porque estos videos buscan promocionar productos que no siempre cumplen lo que prometen”, señala.
La especialista recuerda que una dieta eficaz debe adaptarse a múltiples factores personales, como la edad, el sexo, la composición corporal, el gasto energético, el nivel de actividad física y la presencia de enfermedades. “No necesita lo mismo una mujer de 60 años que un joven de 30, ni alguien activo que una persona sedentaria”, ejemplifica.
Además, los profesionales de la nutrición recopilan información muy detallada antes de elaborar un plan alimenticio: preferencias y rechazos, horarios de comida, quién prepara los alimentos en casa, patologías previas y valores como sodio, potasio o azúcar. “Nada de esto se tiene en cuenta en los menús genéricos que circulan en redes sociales”, subraya.
Los peligros de seguir dietas genéricas
Seguir una alimentación que no está personalizada puede traer consecuencias. Si la dieta es deficiente en nutrientes esenciales, puede provocar fatiga, pérdida de masa muscular, desequilibrios minerales o incluso afectar órganos como el riñón o el hígado, advierte Pérez. Asimismo, las dietas muy restrictivas o basadas en productos concretos suelen generar el conocido efecto rebote, ya que no son sostenibles y, al abandonarlas, se retoman los hábitos anteriores.
También existe un impacto psicológico. La experta alerta de que estas dietas pueden agravar trastornos de la conducta alimentaria en personas vulnerables, fomentando la obsesión por la comida y empeorando su relación con ella.
Para evitar estos riesgos, Pérez insiste en la importancia de la personalización y del respaldo científico. “No basta con haber hecho un curso o autodenominarse experto en redes sociales; es fundamental contar con una titulación oficial y, preferiblemente, estar colegiado”.
En conclusión, los menús que circulan en redes pueden servir como fuente de ideas, pero nunca deberían reemplazar la orientación profesional. La seguridad y efectividad de una dieta dependen de características individuales que solo un especialista puede valorar y adaptar correctamente.

