Donald Trump pone en peligro la seguridad internacional con su política del caos. Transgrede el derecho internacional mediante la ley de la selva, revive la Doctrina Monroe, anula al Congreso norteamericano y desprecia los principios fundacionales de la ONU: la no intervención y el respeto a la soberanía de los países. Además, ambiciona el petróleo de Venezuela y pretende cambiar su gobierno.
La nueva modalidad de intervención norteamericana para lograr cambios de gobierno presenta hoy una versión con características trumpistas: la compra de miembros de las élites gobernantes para ejecutar la traición desde dentro. El primer ejemplo de esta estrategia se produjo en Siria, donde parte del alto mando militar fue comprado para no ofrecer resistencia al avance de los rebeldes desde Alepo, quienes tomaron Damasco y derrocaron al gobierno de Bashar al-Assad.
El caso venezolano se perfila como un intento similar de traición comprada, en el que se pretendía apagar los sofisticados sistemas de radar de alerta temprana y permitir la entrada de fuerzas invasoras a Miraflores sin resistencia. Sin embargo, la traición no se consumó al no surgir un “Pinochet” que asumiera el control del gobierno para completar el golpe de Estado.
En la Federación Rusa, el andamiaje para un cambio de gobierno mediante la traición se viene construyendo desde el golpe de Estado en Ucrania contra Víctor Yanukóvich. Tras ese hecho, sectores ultranacionalistas facilitaron la instalación de redes del MI6, el Mossad y la CIA, orientadas a la creación de una estructura de captación basada en el chantaje y la compra de voluntades. Esta red se enfocó en oligarcas rusos opositores a Putin, muchos de ellos en el exilio, quienes aportaron recursos para fomentar una quinta columna de espionaje y terrorismo en la retaguardia rusa.
Dicha quinta columna ha ejecutado actos terroristas exitosos contra figuras del generalato ruso y seguidores del presidente Putin, como el asesinato de Darya Dúguina, hija del filósofo Aleksandr Duguin. También fue la que logró captar a sectores del Grupo Wagner para avanzar sobre Moscú con la intención de derrocar al gobierno, así como la responsable de la llamada Operación Telaraña, un audaz ataque con drones ucranianos contra bases de bombarderos estratégicos en el interior profundo de Rusia, ocasionando daños significativos.
La penetración de la inteligencia ucraniana en distintas esferas del poder ruso ha servido de base para que la OTAN considere posible un cambio de gobierno en Rusia mediante la compra de la traición o el magnicidio.
La intervención de Boris Johnson, ex primer ministro del Reino Unido, para impedir la firma de los acuerdos alcanzados en Turquía, estuvo fundamentada en la evaluación del MI6, el Mossad y la CIA de que la guerra podía ganarse promoviendo un cambio de gobierno en Rusia, ya fuera mediante el asesinato de Putin o la traición de sectores del alto mando militar. No obstante, solo lograron captar a los mercenarios del Grupo Wagner.
Putin debe mirarse en el espejo de Maduro. Por ello, el ala dura del Kremlin exige un aplastamiento rápido de la resistencia ucraniana para sellar definitivamente la derrota de Ucrania. El primer intento de magnicidio contra Putin acaba de fracasar, tras el ataque a su residencia. El presidente ruso está en la mira de la traición: las sanciones y el boicot petrolero no han debilitado ni a su gobierno ni a su economía, y el avance militar resulta indetenible, con Rusia prácticamente ganando la guerra en Ucrania.
Si la quinta columna ucraniana no es neutralizada a fondo, la modalidad trumpista de comprar la traición podría poner en jaque mate a Vladimir Putin.
Franklin Rosa

