Por Milagros Méndez
No entres en pánico. Es solo una pregunta retórica. Por supuesto que la mujer es capaz de realizar múltiples tareas, entre ellas gobernar, dirigir, administrar, presidir, en fin, elije la casilla y márcala con una equis.
El asunto es, sin ganas de llevar la contraria, visibilizar uno de los pensamientos que, a pesar de lo evolucionado que nos creemos, aún persiste en la mente de algunos, la idea de que una mujer no está a la altura de gobernar o capaz de tomar las riendas de un país.
En la actualidad, alrededor de 27 naciones son dirigidas por mujeres, tal es el caso de Georgia Meloni (Italia), Claudia Sheinbaum (México), Samia Suluho (Tanzania), Draupadi Murmu (India), Natasa Pirc Musar (Eslovenia), solo por mencionar algunas. Si nos detenemos en el continente africano, específicamente en la República Democrática del Congo, encontraremos que es la primera vez en su historia en tener a una mujer como Primera Ministra.
Se trata de Judith Suminwa Tuluka, destacada política y quien trabajó en el sector bancario antes de unirse a agencias de las Naciones Unidas, ocupa el cargo desde abril del 2024. Como verás, este listado incluye otros países de la región, Asia y Europa. Aun así, esto demuestra un avance lento hacia la paridad en el poder.
Ahora, es imperativo que echemos un vistazo al pasado y repasemos qué nos dice la historia. Desde tiempos antiguos, la mujer ha jugado un rol preponderante en la toma de decisiones desde el Estado, gobierno o monarquía. De hecho, está documentado que los más grandes enemigos del Imperio Romano lo fueron mujeres.
Desde Teuta, reina regente iliria (actual Albania); Boudica, reina de los icenos, una tribu celta de finales de la Edad de Hierro; Zenobia, reina de Palmira (en la actual Siria;) hasta Amanirenas (o Amanirena) poderosa reina del Reino de Kush (en el actual Sudán), cada una demostró fuerza, poder y competencia a la hora de comandar y dirigir sus territorios y defenderlos de los ejércitos romanos.
Otros nombres como Cleopatra (Egipto), la Sultana Kosem (Imperio Otomano), Isabel la Católica (España), Catalina la Grande (Rusia), Isabel I de Inglaterra, Wu Zetian (China), Victoria I (Reino Unido), María Teresa (Austria), Isabel II (Reina Unido) no te serán desconocidos, ya que son consideradas como algunas de los grandes monarcas de la historia.
En una era más reciente, no se puede dejar fuera a líderes políticas que llegaron a ocupar el cargo de Jefas de Estado. Me refiero a Margaret Thatcher, primera en alcanzar el puesto de Primera Ministra de Reino Unido, Michelle Bachelet (Chile), Cristina Fernández de Kirchner (Argentina), Dilma Rousseff (Brasil), Angela Merkel (Alemania), Laura Chinchilla (Costa Rica), Indira Gandhi (India), Rosalía Arteaga –brevemente- en Ecuador, Xiomara Castro (Honduras), Dina Baluarte (Perú) y Jacinda Ardem (Nueva Zelanda).
República Dominicana no ha estado exenta de mujeres que aspiran o han aspirado a dirigir el país. La pasada contienda electoral nos demostró que no solo hay intención de aspirar al cargo de Primera Mandataria, sino, una alta preparación, liderazgo y vocación de servicio. Por ejemplo, la Dra. Margarita Cedeño, quien fue precandidata presidencial por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y Virginia Antares, candidata presidencial por Opción Democrática.
Imposible no colocar la mirada sobre el panorama electoral venidero para el 2028, en el que nombres como el de la actual alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, son de los que más resuenan con aspiraciones claras de llegar a la presidencia de la República. Esto sería un hito sin precedentes, que la convertiría en la primera mujer dominicana en vestir la banda presidencial. Incluso, la misma vicepresidenta Raquel Peña, ha expresado su deseo de subir las escalinatas del Palacio Nacional como presidenta. Respuesta que ofreció cuando fue abordada por la periodista Grisbel Medina, mientras participaba en un importante evento corporativo desarrollado en la ciudad de Santiago el pasado año 2025.
A pesar de la importante visibilidad que han logrado las mujeres en espacios de poder, hay muchos retos por superar y muchas conquistas por alcanzar. A la fecha, en nuestro país, a nivel legislativo la mujer ha logrado su más alta participación con un 37% de las curules en la Cámara de Diputados; en el renglón senatorial solo un 12.5%, siendo hasta ahora la presencia más baja, así como en la categoría de alcaldías, con un 12% de participación femenina.
Este repaso, no es una invitación abierta para competir con los hombres, se trata de contar con los mismos derechos y el acceso tal como lo indica nuestra Carta Magna, de elegir y ser elegidos. Tampoco creo en la descalificación de que las mujeres sólo debemos estar relegadas a actividades domésticas. Así como tampoco creo que, por el simple hecho de ser mujer, nos lo merecemos todo. Al contrario, soy fiel creyente que los liderazgos se construyen con visión, disciplina, preparación y mucho, mucho esfuerzo y alta sensibilidad humana.
Los hechos están ahí, en la historia, en el presente y en la nueva generación de niñas que serán las líderes en el mañana. No hay dudas de que la mujer ha dado una clara y contundente muestra a lo largo de los siglos de su vasta capacidad para gobernar. Aquí la pregunta no debería ser si pueden hacerlo, la verdadera cuestionante sería: ¿está nuestra sociedad lista para ser gobernada por mujeres?

