Por Miguel Ángel Cid Cid
El primer cuarto del siglo XXI ha registrado un avance tecnológico de dimensiones inverosímiles. Los gobiernos de turno y el sector privado simulan aprovecharlo. Realidad negada por ciertas instituciones. Aunque la gente repite: “tamo alante alante”. ¿Será verdad?
La historia no es “cuento’e camino”. Las universidades sin importar que sean públicas o privadas todavía están en un limbo tecnológico. Ni tan siquiera las calificaciones pueden ser consultadas en línea, menos debatir lecciones con éxito. Salvo excepción.
Sin embargo, el sistema bancario muestra avances que son ejemplo a seguir. Pronto será cosa del pasado las largas filas en los bancos para realizar operaciones de diferentes tipos. Cada vez son más comunes los pagos de tarjetas, facturas telefónicas, de agua, energía eléctrica vía transferencias virtuales.
El banco, inclusive, te permite revisar el historial del movimiento ingresos y egresos en tus cuentas. Incluye hasta los nombres de los destinatarios.
Ni hablar de las compañías de servicio telefónico. Estas se cuentan entre las primeras empresas que comenzaron a revolucionar el uso de la tecnología.
El mayor desfase se percibe en el sector público. Los retenes, la prueba deprimente del atraso en la regulación del tráfico humano y de mercancías por las fronteras. Nadie puede precisar cuáles son los traficantes.
La Junta Central Electoral (JCE) es otra institución que registra avances significativos en la prestación de documentos de identidad y electoral. La cédula pasó de ser un librito de mala calidad a un documento de identidad digital. Con tecnología de punta.
Fundió, además, la cédula y el registro electoral en un sólo documento. Las oficialías del Estado Civil las absorbió. Es decir, a la JCE le toca expedir las actas de nacimiento, las de matrimonio y las de defunción.
La cédula, por derivación, contiene la data del acta de nacimiento completa y mucho más. Entonces, ¿por qué para obtener cada documento en la JCE hay que entregar un acta de nacimiento y una copia de la cédula?
Para sacar un pasaporte tienes que sacar un acta de nacimiento y una copia de la cédula. Para inscribirse en la universidad otra acta de nacimiento y otra copia de la cédula. Para obtener la licencia de conducir otra vez lo mismo. Se repite de nuevo si va a contraer matrimonio.
Pero para meterte en Datacrédito como mala paga nadie te pide acta de nacimiento, ni copia de cédula, menos del pasaporte. Ellos tienen acceso a todos tus datos. Te fichan y punto. Usted se entera cuando necesitas coger un “fiao”.
Entonces, si a Datacrédito le dan permiso para violentar tus datos personales, ¿por qué se lo impiden a una institución de Estado?
¿O será que todas las instancias estatales tienen acceso, pero las autoridades prefieren ponérsela en china a los ciudadanos? O quizás, ¿será para demostrar que ellos son los que mandan?
Una visita a una institución pública o privada deja la percepción de una operación que logra a la perfección una fusión del atraso y la modernización. Instituciones cuyos gerentes —ahora prefieren ser llamados CEO— utilizan inteligencia artificial con mentes de la caverna.
Válgame Dios…
Pero el acertijo de la propaganda lo compró la sabiduría popular. Las voces de la calle repiten sin cesar: “tamo alante alante”. ¿Será verdad?
En suma, las instituciones dominicanas se ven afectadas por un exceso de autoestima. O sea, no bien llegan a donde Lucas cuando ya quieren hacer creer que llegaron a donde Juan Mejía. A la larga la trama propagandística los delata.
Miguel Ángel Cid
[email protected] Twitter: @miguelcid1

