Bartolo García
Costa Rica acude este domingo a las urnas en una jornada electoral decisiva, marcada por el debate sobre la inseguridad ciudadana, la polarización política y el rumbo democrático de una nación con una larga tradición institucional.
Más de tres millones y medio de costarricenses están llamados a votar para elegir al próximo presidente y renovar los 57 escaños de la Asamblea Legislativa para el período 2026-2030, en un proceso que definirá la continuidad o no del proyecto político actual.
La oficialista de derecha Laura Fernández es la favorita para ganar las elecciones en Costa Rica
— DW Español (@dw_espanol) January 31, 2026
Un total de 3,7 millones de costarricenses están convocados a las urnas este domingo. La candidata oficialista del derechista Partido Pueblo Soberano, Laura Fernández, ha defendido… pic.twitter.com/hikhxTEz8H
La oficialista Laura Fernández llega a la contienda como la gran favorita entre una amplia lista de 20 aspirantes a la Presidencia, según los principales sondeos publicados antes del cierre legal de encuestas.
Fernández representa la continuidad del proyecto impulsado por el actual mandatario, Rodrigo Chaves, una figura central de la campaña pese a que la Constitución le impide optar por la reelección.
Entre los votantes se encuentra Carla Miranda, una joven de 18 años que ejercerá por primera vez su derecho al voto. Con una bandera de la Coalición Agenda Ciudadana en el parque central de Alajuela, expresó su entusiasmo por participar en la llamada “fiesta electoral”.

La joven aseguró haberse informado sobre las propuestas de los partidos y no solo sobre las figuras presidenciales, y consideró que buena parte del electorado no profundiza en los planes de gobierno que presentan las distintas agrupaciones.
El caso de Carla refleja el clima que se vive entre los llamados “ticos”, como se identifican los habitantes del país, en una elección considerada crucial para el futuro democrático de Costa Rica.

En juego está la continuidad de una democracia consolidada o un posible giro hacia un modelo “refundacional”, impulsado desde el oficialismo, que plantea mayor concentración de poder en el Ejecutivo, reducción de contrapesos institucionales y eventuales reformas constitucionales.
La campaña se desarrolló en un entorno mediático tenso y altamente polarizado, con el presidente Chaves como protagonista frecuente de ataques a la oposición, conformada por una veintena de partidos que buscan forzar una segunda vuelta electoral.

La candidata oficialista confía en alcanzar más del 40 % de los votos necesarios para evitar un balotaje, mientras que los partidos opositores han centrado su discurso en advertir sobre los riesgos de una posible deriva autoritaria.
Las mesas electorales abrirán desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, y se espera que el Tribunal Supremo de Elecciones ofrezca los primeros resultados antes de las diez de la noche.
Unos 3,7 millones de ciudadanos están habilitados para votar, y la presidenta del Tribunal Supremo de Elecciones, Eugenia María Zamora Chavarría, aseguró que la voluntad popular será respetada, como ha ocurrido durante los últimos 76 años.

La jornada contará con la participación de cerca de 90,000 personas entre miembros de juntas receptoras de votos, fiscales de partidos, agentes electorales y observadores nacionales e internacionales.
Por encima de los ataques políticos, el electorado se muestra dividido entre el desencanto, la indecisión y la convicción firme, en un país que abolió su Ejército en 1948 y donde la convivencia pacífica sigue siendo un valor central.
En parques y espacios públicos, simpatizantes del oficialismo y de la oposición comparten el ambiente con respeto y expectativa, reflejando una cultura democrática que ahora enfrenta una de sus pruebas más determinantes.
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Con información de elpais.com y de infobae.com

