El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este sábado que ordenó una ofensiva militar contra Venezuela, asegurando que el mandatario venezolano Nicolás Maduro habría sido “capturado y trasladado” fuera del país, una afirmación que ha generado conmoción global y una oleada de reacciones diplomáticas.
A través de un mensaje publicado en su red social Truth Social, Trump afirmó que la operación fue ejecutada con éxito y que incluyó la detención de Maduro y de su esposa, sin aportar pruebas verificables que respalden dichas declaraciones.
Las acciones militares se produjeron durante la madrugada, cuando fuertes explosiones sacudieron Caracas y otras zonas de los estados Miranda, Aragua y La Guaira, impactando instalaciones civiles y militares, según reportes de testigos, periodistas y videos difundidos en redes sociales.
El Gobierno venezolano denunció que los bombardeos constituyen una agresión directa destinada a forzar un cambio de régimen y apoderarse de los recursos estratégicos del país, especialmente el petróleo y el gas, rechazando la versión estadounidense de una supuesta operación anticárteles.

La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, afirmó que desconoce el paradero del presidente Maduro y exigió “pruebas de vida”, al tiempo que calificó el ataque como una gravísima agresión contra la soberanía nacional.
El ministro de Interior, Diosdado Cabello, apareció públicamente rodeado de efectivos policiales y aseguró que el Estado mantiene el control. “Estamos desplegados. Confíen en nosotros”, expresó desde Caracas.
Por su parte, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, calificó la ofensiva como “ruin y cobarde”, informó que se realizan labores para identificar víctimas y reiteró que las Fuerzas Armadas no se doblegarán.
En Brasil, el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva convocó una reunión de emergencia en la Cancillería para evaluar el impacto regional del ataque, ante la preocupación por la extensa frontera amazónica compartida con Venezuela.
Desde Europa, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, manifestó su profunda preocupación y llamó a una desescalada inmediata, reiterando el respaldo de la Unión Europea a una solución pacífica y democrática.
Cuba condenó de forma categórica la acción militar, calificándola como “terrorismo de Estado” y exhortó a la comunidad internacional a reaccionar frente a lo que definió como un atentado contra la paz regional.
Rusia denunció la operación como una violación inaceptable del derecho internacional y de la soberanía de un Estado independiente, exigiendo explicaciones inmediatas a Washington.
Bielorrusia se sumó a las condenas y advirtió que la ofensiva podría convertirse en un “segundo Vietnam” para Estados Unidos, por sus implicaciones geopolíticas y humanitarias.
México rechazó enérgicamente la intervención militar ejecutada de manera unilateral, citando la Carta de las Naciones Unidas y llamando al respeto de la integridad territorial de Venezuela.
El presidente de Chile, Gabriel Boric, expresó la preocupación y condena de su Gobierno, instando a una salida pacífica que evite una mayor escalada del conflicto en la región.
La crisis mantiene en vilo a la comunidad internacional, mientras persisten versiones contradictorias y no existe confirmación independiente sobre la supuesta captura del presidente venezolano, en un escenario que amenaza con redefinir el equilibrio político y de seguridad en América Latina.
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