Por Juan T H
De un tiempo a esta parte se ha desarrollado la industria de la extorsión en la República Dominicana, perjudicando a dirigentes políticos, empresarios, funcionarios de todos los niveles, artistas, peloteros y demás figuras públicas de alto relieve, sin consecuencias legales, porque muchos prefieren “pagar para no matar” y evitar el escándalo público.
Un grupo disperso de manejadores de contenidos en redes sociales y plataformas digitales, se están dedicando al chantaje, la extorsión, la difamación y la injuria para obtener grandes cantidades de dinero.
Los extorsionadores persiguen con sus equipos de grabación, cámaras fotográficas, celulares de alta resolución fílmica, intervienen móviles,
Graban conversaciones privadas, intimas, de amantes, secretos de Estado, elaboran pasquines, especulan, hacen conjeturas infamantes. etc. Han formado una verdadera industria de extorsión y chantaje. El miedo al escándalo es su principal arma. Nadie quiere verse en el ojo del huracán de las redes sociales. Pocos tienen el coraje de colocar una denuncia ante el Ministerio Público, para que actúe en consecuencia.
Las redes sociales y las plataformas digitales no pueden ser una especie de “Foro Público” donde todos estamos expuestos a que nuestras intimidades se expuestas a los demás sin ningún reparo para extorsionarnos, chantajearnos con injurias y difamaciones de todo tipo para obtener dinero sucio. ¡No puede ser! ¡Es indigno!
Los empresarios de la extorsión persiguen en moteles, hoteles, cabañas, restaurantes, actos masivos, resorts turísticos, tanto en el país como en el extranjero, a los funcionarios corruptos, políticos que trafica con el poder, empresarios con varias amantes, hijos sin declarar, peloteros famosos con mucho dinero, hijos “de la calle”, artistas indecoroso, personajes público de preferencia sexual “contra natura”, incluso a los curas y pastores depredadores sexuales, que en el peor de los casos, deben ser perseguidos y castigados por la justicia.
La privacidad se perdió hace tiempo.
Son muchos los que se dedican a grabar conversaciones privadas desde vehículos lejanos ubicados estratégicamente, sin la autorización de un juez competente. Algunos “productores” de programas de televisión llaman a casa, te interrogan ilegalmente para luego difundirlo indiscretamente. Eso viola la ley.
El derecho al buen nombre ya no existe.
Todos estamos expuestos. Nadie está a salvo de los malandrines del chantaje y la extorsión a través de la difamación y la injuria.
En un restaurante mientras usted cena o almuerza con un amigo, amiga, amante o empresario, desde un rincón alguien lo graba, le toma algunas fotos para luego prepararle un expediente de infidelidad, promiscuidad o corrupción.
Lo correcto es asumir los riesgos. No ceder ante la presión de los facinerosos que se dedican al chantaje y la extorsión con acusaciones generalmente falsas. Las pruebas no sustentan las acusaciones de los profesionales de la extorsión. Esos señores solo buscan dinero. Muchos caen en la trampa perversa. ¡Y pagan por miedo!
Lo peor que puede hacer una figura pública, funcionario, dirigente político, empresario, artista o atleta, es ceder ante el chantaje y la extorsión, es pagar para que sus vicios, debilidades o defectos, sean dados a conocer ilegalmente. Actúe en justicia. Reclame su derecho a la privacidad, consagrado en la Constitución
A Todo aquel que lo difame, ¡sométalo a la justicia!
Dedicarse al chantaje, hacer de esa práctica un modo de vida, es indigno y vergonzoso.
Un comunicador honesto y capaz, productor de contenidos a través de las redes sociales, como conozco algunos, jamás utilizaría su plataforma para insultar, agredir, descalificar o acusar a nadie de hechos inmorales sin tener las pruebas que lo sustenten. Pero hay otros, inescrupulosos, sin formación intelectual o académica, analfabetos prenatales, que no les importa, que no reparan en el daño que hacen.
El Estado es el garante de la privacidad de todos los ciudadanos, defensor del buen nombre de todos los ciudadanos.
Hay que separar a los buenos comunicadores y periodistas, de los malos. Identificarlos, someterlos a la justicia para que paguen por sus fechorías, teniendo en cuenta que los corruptos y los corruptores siempre van de la mano, que uno no es mejor que el otro, que ambos deben ser condenados socialmente.
Las redes sociales y las plataformas digitales no pueden ser un estercolero, no pueden convertirse en letrinas donde cualquiera defeca sobre cualquiera con absoluta impunidad. ¡No puede ser!
Decir que no
Mario Benedetti
Ya lo sabemos
Es difícil
Decir que no,
Decir no quiero,
Ver que el dinero forma un cerco
Alrededor de tu esperanza,
Sentir que otros,
Los peores,
Entran a saco por tu sueño,
Ya lo sabemos,
Es difícil
Decir que no,
Decir no quiero.
No obstante,
Como te desalienta
Ver bajar tu esperanza
Saberte lejos de ti mismo
Oírte
Primero despacito
Decir que sí,
Decir si quiero
Comunicarlo luego al mundo
Con un orgullo enajenado
Y ver que un día
Pobre diablo
Ya por siempre pordiosero
Poquito a poco
Abres la mano
Y nunca más puedes cerrarla”.

