Por Carlos Diaz
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha entrado de manera oficial en una etapa de “ebullición controlada”.
Aunque la batalla electoral está contemplada para el año 2028 como el destino final, el verdadero campo de batalla se ha instalado en este 2026.
La organización política enfrenta un dilema de abundancia: tiene demasiados liderazgos todos con su propio peso, pero con tan solo una silla presidencial y una estructura partidaria que debe renovarse antes de que las ambiciones personales terminen por agrietar el techo.
Con seis sólidos contrincantes
la contienda interna no es un secreto; es un despliegue de fuerzas que hoy tiene nombres y apellidos bien definidos en las mediciones de simpatía:
David Collado: quien parte cómo aventajado en encuestas que miden a lo externo del partido, pero no suele replicar lo propio a lo interno del partido. Con un respaldo que ronda el 33% en estudios recientes como Red Estelar y 22% en Marketing colografic, Collado representa la continuidad estética y técnica del modelo Abinader.
Carolina Mejía: En cambio dueña de una estructura”. Como secretaria general y alcaldesa, Carolina simboliza la institucionalidad. Aparece consistentemente en el “top 3” de las preferencias, capitalizando el voto más fiel y tradicional del partido.
Wellington Arnaud: La gran sorpresa del crecimiento sostenido a lo interno del partido.Arnaud Con imagen fresca y menos mediática ha sabido “patear la calle” desde INAPA y hoy compite de tú a tú entre los primeros tres candidatos con posibilidades reales en cuanto a simpatía interna, alcanzando hasta un 26% de valoración en diversos estudios.
Guido Gómez Mazara: Quien representa el “sentimiento de la base”. Con un discurso que conecta con diversos sectores entre ellos el intelectual y de la mano a una gestión visible en Indotel, Guido sigue siendo la voz de aquellos que exigen un PRM más doctrinario y menos “popi”. Sus números (en torno al 9.5%) Sin aun asumir un activismo intenso. Estos números lo mantienen como un candidato con margen a crecer y a la vez puede ser un factor decisivo en cualquier alianza interna.
Yayo Sanz Lovatón: El “estratega silencioso”. Aunque con un perfil más bajo en la estridencia pública, Yayo ha construido un espacio político importante pero que ha perdido oxígeno en los últimos meses según los últimos estudios de valoración.Se sitúa como un competidor importante y un posible gran elector en el tramo final.
Raquel Peña: La vicepresidenta es carta de estabilidad. Aunque su activismo presidencial es más prudente, su valoración positiva la mantiene como una figura emergente en una contienda interna.
La Institución antes que la Ambición.
El riesgo del PRM es ignorar que antes de elegir un candidato en 2027, debe renovar sus autoridades en este 2026. No se puede arbitrar una carrera de alta velocidad con un comité directivo caducado o percibido como parcial.
La verdadera prueba de madurez será permitir que las bases elijan democráticamente a sus dirigentes locales y nacionales antes de lanzar el primer afiche presidencial.
El PRM goza de una máquinaria electoral envidiable, pero la historia dominicana enseña que los partidos en el poder suelen ser sus propios verdugos.
Si el proceso de 2026 se maneja como una imposición, el 2028 podría ser el inicio del fin.
El partido necesita que sus “seis jinetes” entiendan que el éxito individual es imposible si la estructura colectiva se rompe. Primero la casa, luego la silla.

