Por JUAN T H
Pocas veces me he sentido tan orgulloso de mi nacionalidad como durante la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe que han concluido con un éxito arrollador, a pesar de las criticas infundadas de quienes sólo ven imperfecciones en todo lo que realiza el gobierno del presidente Luís Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), que encabeza dignamente.
Como dice un comercial de una tarjeta de crédito: no tiene precio ver a la “gacela” Marileidy Paulino correr y ganar ampliamente imponiendo un récord bajo un aguacero, con la seguridad de llevar la bandera tricolor en su pecho, “no tiene precio”.
El insólito Cristopher Melencino, que pese a su discapacidad auditiva hizo historia ganando medalla de oro en la prueba convencional de relevo mixto 4X400. ¡Qué bárbaro!
Ver competir y ganar a las “reinas del Caribe” definitivamente es un orgullo. ¡No tiene precio! (Las reinas que han ganado 20 medallas en la Copa Panamericana de Voleibol., 7 de oro, 10 de plata y tres de bronce; en los Juegos Centroamericanos seis de oro de manera consecutiva, y sumando, entre muchos otros logros internacionales que nos hacen sentir orgullosos como dominicanos. ¡Arriba las Reinas del Cariba!
Así como hay que “estar vivo para morir”, – ¡vivo, como lo estoy aún! – para ver a nuestros atletas competir con gallardía y coraje bajo el lema: “amistad primero, competencia después”.
Los más de nueve mil millones de pesos que invirtió el gobierno en el montaje de los Juegos que incluyeron la construcción, remodelación y remozamiento de las obras que albergaron las competencias de 57 disciplinas y seis mil atletas de 37 naciones y territorios, como México, Colombia, Venezuela, Cuba, Puerto Rico, Panamá, Haití, Curazao, Belice, Jamaica, Nicaragua, Aruba y Bahamas, entre muchos otros, como dice el comercial de la tarjeta de crédito, “no tiene precio”. Ha sido una de las mejores y más fructíferas inversiones del Estado, no importa lo que digan “los demás”. (Los perros aldrán, ¡avanzamos!)
La cuestión es: “palo si boga, palo si no boga”. (Atrás los que solo ven el vaso medio lleno)
Quiero volver a felicitar calurosamente al presidente Luis Abinader, a Carolina Mejía, que se robó el show (espectáculo) de manera alegre y transparente, acudiendo y felicitando a todos los atletas con una algarabía inusual. Quiero felicitarla también por su gesto, junto al Banco Popular, de contratar cinco autobuses para trasladar a la gente de Don Gregorio, la tierra que vio nacer a Marideily, Vladimir Guerrero y otros grandes atletas, para que la vieran correr y ganar en medio de un torrente aguacero.
Saludar y felicitar, igualmente, a José Monegro, al ministro Kelvin Cruz, los presidentes de las federaciones deportivas. Por economía procesal, a todos los involucrados con el éxito de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe que deben concluir como comenzaron: con un festivo monumental de cierre.
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe deben servir de excusa, como ya dije, para continuar invirtiendo en los atletas, mejorando su condición de vida material y espiritual. ¡Vale la pena la inversión! Los atletas dominicanos no tienen precio. Ellos constituyen un estandarte, un orgullo cada vez que suben al podio a recibir sus medallas o cuando compiten levantando la bandera nacional. ¡Apostemos a ellos, pues!
Está anunciado, como sugerimos en el artículo anterior, el inmenso Juan Luís Guerra y sus 440 ¡Bravo, un regalo de lujo para el pueblo dominicano! Y se rompió la taza: cada uno para sus respectivos países en paz y tranquilidad.
Como ya dije: ¡Medalla de oro para la República Dominicana! ¡Si señor! ¡Duélale a quien le duela!

