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    ¿Es inconstitucional la prisión preventiva? (2 de 2)

    La medida de coerción consistente en prisión preventiva contrasta no solo con el derecho de la libertad, sino también con el principio fundamental de la Presunción de inocencia, en virtud de que toda persona se presume inocente y debe ser tratada como tal, hasta tanto una sentencia irrevocable declare su responsabilidad penal, sin embargo resulta […]
    El JacagueroPor El Jacaguero31 mayo, 2020Actualizado:31 mayo, 20205 min de lectura
    ¿Es inconstitucional la prisión preventiva? (2 de 2)

    Guillermo García

    La medida de coerción consistente en prisión preventiva contrasta no solo con el derecho de la libertad, sino también con el principio fundamental de la Presunción de inocencia, en virtud de que toda persona se presume inocente y debe ser tratada como tal, hasta tanto una sentencia irrevocable declare su responsabilidad penal, sin embargo resulta incomprensible tantos presos preventivos en una sociedad democrática, donde el sistema penal en muchas y reiteradas ocasiones subvierte el orden constitucional sin advertir ninguna consecuencia, imponiendo penas anticipadas, invirtiendo el principio fundamental de la presunción de inocencia por presunciones de culpabilidad, situación que legal y constitucionalmente es improcedente.

    Para imponer la prisión preventiva, en ningún caso podrá valorarse la mal llamada cintila probatoria, por constituir un concepto puramente doctrinal o en su defecto no alcanzar la jerarquía legal ni constitucional, sin embargo, penosamente admitido y asimilado por la mayoría de los tribunales más que el propio fundamento legal de “pruebas suficientes”, y de la interpretación más favorable al titular del derecho, y sobre todo de la aplicación restrictiva de la ley penal; tampoco puede valorarse únicamente la gravedad del hecho, el daño ocasionado a la víctima, a la sociedad y la pena imponible, por constituir estas últimas, en una de las ocho condiciones establecidas taxativamente por la Ley procesal penal, para evaluar el peligro de fuga.

    El argumento de la vigencia y el respeto al principio fundamental de la presunción de inocencia no implica un puro eufemismo, una pura retórica, más que una presunción es un estado jurídico de inocencia, es un derecho inherente al ser humano por esa condición, y por esa razón es que se encuentra consagrado en el artículo 14 del Código Procesal Penal; el 69.3 de la Constitución Dominicana; el 11.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; el 14.2 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos; el artículo 8.2 de la Convención Americana de los Derechos Humanos; y como también ha sostenido nuestro máximo tribunal al respecto, en memorable Sentencia de principio, emanada de la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia, del 7 de septiembre del año 2005 (caso Mauro Peralta).

    Si la Constitución expresa que a través del bloque de constitucionalidad, la vinculatoriedad de los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos, tienen rango constitucional, el art. 10 de la resolución No. 1731-2005, no puede tener mayor jerarquía que la Ley procesal penal y mucho menos que nuestra Carta Fundamental y los tratados internacionales a los cuales se ha hecho referencia anteriormente, no pudiendo quedar a la discrecionalidad del juzgador la decisión de admitir exclusivamente la prueba testimonial en detrimento de otras pruebas materiales, documentales o audiovisuales de trascendente importancia.

    Jamás podrá ser suficiente para dictar medidas de coerción, solo la información que pudieran dar las partes respecto del contenido y valor de las pruebas obtenidas y ofertadas para solicitar dichas medidas; bajo ese parámetro se vulneran los derechos y principios fundamentales antes mencionados, incluyendo además, el de igualdad ante la ley y entre las partes y los principios rectores del proceso penal como son la inmediación y la contradicción, indispensables para la valoración de la prueba, y no de manera indirecta y unilateral, a través de la información expedida por una parte interesada en el proceso.

    El fundamento para imponer la prisión preventiva fue ampliado, además del fumus boni iuris y el periculum in mora,- la existencia de pruebas suficientes que hagan sostener que con probabilidad el imputado es autor o cómplice de haber cometido una infracción por un lado; y por el otro, el peligro de fuga, cuando no pueda evitarse razonablemente con la imposición de otra medida de coerción personal menos gravosa- aparte de la gravedad del hecho y la pena privativa de libertad, también se evalúan otras circunstancias como la de evitar la destrucción, por parte del encartado, de pruebas relevantes para la investigación, y cuando la libertad del imputado constituye una amenaza para la sociedad, la víctima, sus familiares y testigos del proceso.

    Es la parte in fine del primer párrafo del artículo 234 del Código Procesal Penal, la que inconstitucionaliza dicho texto, por el hecho de menoscabar el derecho fundamental de la libertad con apreciaciones puramente subjetivas, trasladando extemporáneamente la teoría de la prevención general y especial de la pena exactamente al ámbito de las medidas de coerción; dicho artículo omite modo, tiempo, lugar y las circunstancias del significado de la transformación de la futura libertad en amenaza para la sociedad y la víctima.

    Así las cosas, el señalado texto compone un fortalecimiento de la jurisdicción para emitir resoluciones y sentencias con evidentes infracciones constitucionales al contraponerse con el indicado derecho de la libertad y con el principio fundamental de la presunción de inocencia. No se puede confundir la política criminal del Estado, desde el ámbito de la prevención y persecución de los crímenes y delitos, con el respeto a los derechos fundamentales.

    Por Guillermo García 

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