Juan T H: Un país convertido en un hospital psiquiátrico
Este país es, sin duda, un hospital psiquiátrico. Todos estamos desequilibrados mentalmente, diagnosticados o no. La realidad es que urgentemente necesitamos un equipo de psiquiatras y psicólogos que atiendan nuestros profundos males sociales. Muchos requerirían camisas de fuerza y algunos hasta terapia electroconvulsiva para aliviar esta crisis colectiva.
Un gobierno en crisis mental
El gobierno dominicano parece estar conformado por individuos con graves trastornos: psicóticos, esquizofrénicos delirantes con identidad disociativa, bipolares, depresivos con ansiedades extremas y discapacidades intelectuales. Además, abundan cleptómanos y mitómanos profesionales, con dislexia selectiva y trastornos neurocognitivos que solo podrían remediarse con largas condenas en prisión y el despojo de bienes mal adquiridos.
Una experiencia en el hospital psiquiátrico Padre Billini
Hace más de cuatro décadas, cuando apenas terminaba el bachillerato, trabajé como “terapista ocupacional” en el Hospital Psiquiátrico Padre Billini, conocido popularmente como “el 28” por su ubicación en el kilómetro 28 de la carretera Duarte. Jamás imaginé que, más de 40 años después, vería a todo el país convertido en un manicomio de 48 mil kilómetros cuadrados.
¿Qué es un país sin ley ni justicia?
¿Cómo definir un país sin Constitución, sin leyes, sin fiscales, sin jueces y sin justicia? Un lugar donde la gente no respeta a sus semejantes, donde impera el “na e na” y “to e to”. Un país donde circulan más de cuatro millones de vehículos, incluyendo más de dos millones de motociclistas sin documentación alguna, conduciendo de manera violenta y temeraria.
En este contexto, la luz roja del semáforo parece una invitación a “acelerar hasta causar un accidente fatal”. Esta realidad es una auténtica locura, un verdadero infierno para quienes vivimos en esta sociedad caótica.
La crisis en la Junta Central Electoral
Lo que ocurre en la Junta Central Electoral (JCE) es otro síntoma de esta locura nacional. Violaciones a la Constitución, desacato a sentencias del Tribunal Superior Electoral, la invención de un voto de arrastre inexistente en la Carta Magna y la compra cuestionada de equipos electrónicos han minado la credibilidad ciudadana.
¿Podrá la JCE organizar unas elecciones transparentes en medio de tanta incredulidad y el control político del PLD? La respuesta es clara: ni en sueños, como afirmó otro “loco”, que soy yo mismo.
El PLD y la obsesión por la reelección
En el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), la situación no es menos preocupante. Danilo Medina busca comprar otra vez la reelección, sin medir las graves consecuencias políticas, económicas y sociales. Este miedo lo llena de un estrés que solo un experto como el doctor César Mella o cualquier profesional de la conducta podría tratar.
Por su parte, Leonel Fernández no está más cuerdo que Danilo. Nadie sabe cuál de los dos requiere con mayor urgencia terapia. La cordura no guía sus pasos; ambos están “locos de remate”.
Veinte años de promesas incumplidas
En 12 años, Leonel no cumplió lo que ahora promete. En 8 años, Danilo no hizo lo prometido en cuatro. Sumados, son 20 años gobernando un país con una pobreza moral alarmante, que solo podrá superarse con un cambio político transitorio.
Este cambio debe poner fin al modelo clientelar y corrupto impuesto por ambos. Intentar mantener el control del país por cualquiera de los dos es una locura. Votar por ellos es masoquismo: una muestra de que el pueblo está tan confundido que no distingue entre el bien y el mal.
En su sano juicio, nadie debería votar por el PLD, ni siquiera si el candidato fuera el Papa o Jesucristo resucitado.
Un país en caos total
Al hacer una panorámica completa, vemos que nada funciona según la ley. Todo marcha desordenado, el caos es absoluto. Parecemos una sociedad de salvajes, enfermos mentales incapaces de entender que estamos en la cuarta revolución industrial.
El desarrollo exponencial de la ciencia y la tecnología nos deja cada vez más desquiciados y atrapados, como enjaulados con alambres de púas electrificados.
Conclusión: un manicomio nacional
Estoy loco, tú estás loco, todos estamos locos. Este país es un gigantesco manicomio donde estamos internados. Los que habitan el Palacio Nacional y el PLD están en cuidados intensivos, vigilados por generales activos y retirados para evitar que se “escapen”.





