Por Juan T H
Los ciudadanos perciben, según los estudios y las encuestas realizadas por diversas instituciones públicas y privadas, que la situación económica es muy precaria debido al aumento de los altos precios de los productos de primera necesidad, incluyendo los combustibles y la tarifa eléctrica, entre otros.
La situación económica es el principal problema del país, según las encuestas.
La gente se queja. ¡Siempre se queja!
Sin embargo, el crecimiento económico de la nación es sostenible. La República Dominicana es la séptima economía más grande de América Latina. El presidente Luís Abinader se ha colocado como el tercer mandatario mejor valorado, por debajo solo de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum y el de El Salvador, Nayib Bukele. Organismos internacionales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre otros, resaltan positivamente el manejo de la economía del país.
El Banco Central, dirigido por el economista Pedro Albizu Campos, el mismo que lo condujo durante los 20 años de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) de Leonel Fernández y Danilo Medina, sostiene que el país está en buenas manos, con reservas monetarias extraordinarias, como nunca antes, aumento de la inversión extranjera, zonas francas, turismo; todo a pesar de la guerra de Estados Unidos, Israel, Irán, Rusia, Ucrania, que generan gran incertidumbre en las economías de todos los países del mundo, incluyendo la República Dominicana que no produce una gota de petróleo.
Todos los parámetros que ofrece el Banco Central, al igual que los organismos financieros internacionales hablan de una economía robusta, estable, con bajo nivel de desempleo, inflación controlada, aumentos salariales, garantía alimentaria, sistema financiero en franco crecimiento, etc.
La gente se queja. ¡Siempre se queja! ¡Y con razón! ¡Naturaleza humana! ¡Nunca estamos conformes con lo que tenemos! ¡Siempre queremos más, porque merecemos y necesitamos más, porque hemos luchado para terminar con la marginalidad, la pobreza extrema, el desempleo y la inseguridad!
Observo una contradicción, una paradoja, entre lo que afirman los organismos financieros nacionales e internacionales, la bonanza, con la percepción de la mayoría de los dominicanos que viven de espalda a la situación no sólo del país, sino del mundo.
“La cosa está buena, pero no se vende”. Sucedía durante la dictadura Trujillista. Ahora la “cosa está mala”, pero se vende.
Los dominicanos parecemos pobres, pero vivimos como ricos. La crisis es sólo de lunes a viernes. Como le dijo un amigo a su futura esposa. Los lunes son para el que puede, el sábado es de Corporán, el Domingo de Freddy Beras y el Gordo de la Semana. Nos casaremos con sábados y vineres separados”, aclaró.
Siempre aparece dinero para la cerveza y el romo. ¡Hoy se bebe! Grita un bachatero famoso. “Que se acabe el arroz, la leche y la gasolina, pero el ron que no se acabe porque esa es mi medicina”, cantaba el inigualable Johny Ventura. El alcohol está siempre presente en la mayoría de los dominicanos. Forma parte de su cultura, de su idiosincrasia. En los medios de comunicación se promueve y se estimula su consumo. La inversión es millonaria.
Cada vez hay más y mejores restaurantes, abarrotados casi siempre de gente de clase media baja, media y alta. En muchos hay que hacer reservas con días de anticipación para lograr una mesa. Los conciertos masivos son frecuentes. Los precios cada vez más altos. Miles de dominicanos pagaron un pasaje, boletas y hoteles para acudir al Clásico Mundial de Béisbol. En Estadio Cibao se abarrotó para ver al inmenso Juan Luís Guerra con sus 440, bailando y gozando con “Ojalá que llueva café” y la “bilirrubina”. Altos de Chavón recibe a las figuras más relevantes del mundo artístico internacional.
Difícilmente pase un fin de semana sin una actividad masiva. Los colmados y los colmadones se llenan de gente bebiendo y bailando. El malecón de la zona oriental y de Santo Domingo. Este fin de semana en el Teatro Nacional el público acudirá masivamente para ver al inimitable Raphael de España en lo que posiblemente sea su última presentación en suelo quisqueyano, debido a su avanzada edad y sus quebrantos de salud.
La “Semana Santa”, que de santa no tiene nada, fue un solo un ejemplo de alegría y diversión de la población, independientemente de los accidentes de tránsito y las tragedias ocurridas por el exceso de velocidad, consumo de alcohol y otras imprudencias. Más de tres millones de personas se movilizaron en todo el territorio nacional disfrutando de las playas, los ríos y los campos. Casi 900 mil vehículos pasaron por los peajes, sin contar las motocicletas.
El Sur, cercano y profundo, está de moda. Miles de personas crearon un tapón interminable en la circunvalación de Bani, que debió ser de cuatro carriles, no de dos, pensando en el crecimiento de la población y el desarrollo de la zona.
La crisis económica, de la que hablan Leonel Fernández, Danilo Medina y demás opositores, que apuestan al fracaso del PRM y Luís Abinader, no se siente, no se ve, no se percibe, aunque exista, aunque esté. ¡increíble!
¡Los perros ladran, sigamos avanzando!

