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Miguel Ángel Cid. Bartolo García

Crisis de las primarias desbordó la clase media

Miguel Ángel Cid Cid

Las primarias internas del PRM y el PLD celebradas el domingo 6 de octubre 2019 dejan ver su impacto “positivo” para el primero y “negativo” para el segundo. La debacle  morada ha sorprendido al país de modo tal que todavía hay sectores en incertidumbre abrazadora.

Ahora, si algo bueno dejó el proceso elector entre mansos y cimarrones, ese algo es que varios sectores sociales enseñaron y aun dejan ver demasiado el refajo. Durante la campaña previa al día 6 se veía a leguas el comportamiento de estos “libre pensadores”, demócratas consumados dispuestos a todo contra el gobierno. A su pesar, todavía resulta inverosímil ver en estos personajes una animadversión tan irracional solo por oponerse al gobierno.

El día de las votaciones las televisoras hicieron lo de costumbre en eventualidades de este tipo. Se conformaron paneles de expertos, integrados por politólogos, sociólogos, profesores universitarios y periodistas de fuste. Todavía el organismo electoral tenía bloqueada la transmisión de resultados cuando los gurús lanzaban al aire sus pronósticos.

La Junta Central Electoral (JCE) inició la transmisión de datos y al ratito Leonel Fernández picó a la delantera en los resultados. Los números de la Junta animaron el deseo de que al gobierno le propinaran una derrota, hasta sonrientes se veían los analistas.

La alegría se cuajó como el guiso de chivo al dejarlo enfriar. El pupilo del gobierno, Gonzalo Castillo comenzó a crecer, mientras que Fernández disminuía. Ante el giro sorpresivo, a los sesudos analistas les resultó imposible contener la carga emocional.

“No puede ser que esto esté pasando en un país como este. Parece que la cosa terminará muy pegadita entre Leonel y Gonzalo, de ser así cualquier cosa podría pasar”, proclamaban a viva voz los comentaristas.

El León cayó en la cuenta de que le era imposible adelantarse a Gonzalo de nuevo. Ante el triunfo inminente de su contrario, Fernández decidió convocar una rueda de prensa para auto-proclamarse ganador de la contienda. Al mismo tiempo denunció la perpetración de un fraude tecnológico consistente en algoritmo, software y código fuente. El berenjenal alimenta el odio de los leonelista  y nubla la razón de un sector de la clase media dominicana.

El caso de la Marcha Verde es tétrico. Luego de recorrer el país exigiendo el cese de la corrupción y la impunidad desde el gobierno ahora cifran sus esperanzas en el principal propiciador de la corrupción a nivel público. La obsesión de Marcha Verde con el fraude es tal, que solo le falta que Leonel Fernández encabece una de sus caminatas hacia el frente a la JCE.

El sector de Luis Abinader en el PRM salió rápido a exigir que la JCE esclarezca el fraude que le hicieron al presidente Fernández.   Esta actitud resulta normal en un actor que se ha caracterizado por ser flojo como opositor y cercano al leonelismo desde hace tiempo.

Lo que resulta inentendible es que un partido político como el PRM, con dirigentes veteranos en el juego del poder caiga en la trampa del supuesto fraude. Por el contrario, los perremeistas encabezados por Abinader deben seguir su propia estrategia de cara a las elecciones de febrero primero, para sellar en mayo con broche de oro. No se entiende el por qué están obrando en beneficio de Leonel, dejándose utilizar por este.

Sería una injusticia cerrar este artículo sin resaltar la posición de Bienvenido Álvarez Vega. El intelectual es el único que hasta ahora actúa con objetividad ante la crisis interna del PLD. Antes de las votaciones ya Vega había publicado una encuesta donde establecía un empate técnico entre Leonel y Gonzalo. La realización de la medición y los resultados arrojados le facilitan al intelectual hilvanar una posición ajustada a la realidad.

La situación  de desasosiego persiste, es imposible saber si Leonel se va o se queda en el PLD, si hablará temprano o muy tarde. Tampoco se conoce si marchará con los verdes. Lo que pase en lo adelante depende Leonel Fernández y Leonel es un mar de incertidumbre.

 

Miguel Ángel Cid

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