Por Miguel Ángel Cid Cid
Ser gobernadora se reduce a defender la gestión del Presidente de turno. Cultivar la inteligencia política y gestionar con los expertos las opiniones técnicas o especializadas. Si la gobernadora pierde la credibilidad el gobierno se desacredita en la provincia.
La gobernadora
Qué a usted la nombraron gobernadora, para muchos es un cargo de poca monta. No se equivocan. Pero teóricamente las gobernadoras son la cara visible del Presidente en las provincias.
La designación de una gobernadora depende de la voluntad del mandatario expresada en un decreto. Pero antes de la orden el Ejecutivo debe ponderar las cualidades de la depositaria del nombramiento.
El jefe de Estado debería observar, por ejemplo, el liderazgo, la transparencia, la honestidad y compromiso de la persona designada con el desarrollo local. Porque entre las funciones principales de la gobernadora se cuentan la de representar al Poder Ejecutivo en su provincia.
Se incluyen, además, promover el desarrollo local y la participación ciudadana, coordinar la acción gubernamental para garantizar la seguridad y el orden público en la demarcación.
Algún que otro se preguntará: ¿Por qué hablar ahora de las características y funciones de la gobernación provincial?
Porque es noticia la declaración de la gobernadora provincial de Santiago, Rosa María Santos Méndez, sobre el retraso de la remodelación de la calle Del Sol. Por ejemplo, el jueves 25 de noviembre el periódico Diario Libre tituló: “Aguas subterráneas retrasan avances en la remodelación de la calle Del Sol, según gobernadora”.
¿Y qué de malo tiene que doña Rosa Santos informe sobre las razones del retraso? Eso es parte de su función, defender las ejecutorias del gobierno. Tienen razón.
Pero razón no quita conocimiento. Resulta que alegar atraso por el “flujo de aguas subterráneas” es injustificable. Por no decir que la explicación podría interpretarse como burlesca.
La percepción de burla se divisa toda vez que las excavaciones no superan los tres o cuatro metros de profundidad. Lo que indica que los ingenieros a cargo debían saber —con el estudio de suelos— sobre la existencia de las aguas subterráneas que sorprenden a la funcionaria.
O, será que los contratistas se saltaron los sondeos de suelo para rendir el presupuesto de la obra. Si así fuera, sería peor. Porque estarían ante una violación de los procedimientos legales en materia de construcción. Y por derivación, poniendo en riesgo la seguridad vial.
Como cara creíble del Poder Ejecutivo en la provincia, la gobernadora es la vocera del gobierno. Por tanto, es la funcionaria llamada a explicar los avances y los atrasos en las ejecutorias gubernamentales.
Pero esa vocería debería ser gestionada con sensibilidad y tacto político. Porque faltar a la verdad podría significar una acción que debilita la transparencia institucional.
Y si la transparencia se rompe termina minando la confianza en el gobierno. La pérdida de confianza, por derivación, le quita fuerza a la credibilidad que pueda tener la gestión de gobierno.
En suma, Rosa Santos debería conservar el prestigio ganado por su buena gestión. Debería entender que defender no quiere decir opinar por todo y, sobre todo. Debería consultar a los técnicos para afinar un juicio especializado.
Miguel Ángel Cid
[email protected] Twitter: @miguelcid1

