Tomar una copa de vino al día, ¿tan saludable como dicen?

Redaccion
Salud
Copa de vino

Los especialistas están de acuerdo: la ingesta de alcohol debe ser cero o lo mínimo posible, ya que causa hasta doscientos problemas de salud. El consumo de mínimo riesgo es diferente para hombres y mujeres, porque no lo metabolizan de la misma manera.

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¿Existe un consumo máximo de alcohol que pueda ingerirse con seguridad? ¿Tomar una cerveza al día puede resultar saludable? ¿Una copa de vino con la comida tiene efecto beneficioso sobre el corazón? Son preguntas que la población se plantea en ocasiones y para las que pueden variar las respuestas en función de donde se busque la información. 

Los especialistas tienen claro que ningún consumo de alcohol puede considerarse seguro y menos aún saludable. Y explican las razones y las causas de la confusión entre la población sobre esta cuestión. 

Precisamente la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) ha querido llamar la atención, coincidiendo con la celebración el día 15 de noviembre del Día Mundial sin Alcohol, sobre los efectos nocivos del consumo de una sustancia con la que se relacionan 40 enfermedades distintas y hasta 200 problemas de salud. 

En la misma línea se pronuncian desde la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), que cuenta con un Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud, cuyo portavoz, el doctor Rodrigo Córdoba, recuerda que el consumo de alcohol es la segunda causa evitable de mortalidad prematura en España y que cada año fallecen en nuestro país unas 15.000 personas por enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol. 

Sobre si existe un consumo de alcohol que pueda considerarse seguro, el doctor Córdoba afirma tajante que “no hay ninguna dosis que pueda considerarse beneficiosa ni segura”, a pesar de que “muchos estudios pretendan concluirlo”. 

Disminuye la mortalidad cardiovascular pero no la global 

La cuestión es que algunos trabajos de investigación han encontrado beneficio a partir del consumo de vino en algún grupo concreto de población, al disminuir, por ejemplo, la mortalidad cardiovascular, de ahí la confusión de la sociedad sobre este tema. 

La clave está en que aunque puede disminuir la mortalidad cardiovascular aumenta el riesgo general de mortalidad por todas las causas, es decir, “se disminuye un riesgo pero el beneficio se ve anulado por el aumento de otros”, explica Rodrigo Córdoba, y a la hora de evaluar el efecto sobre la salud es necesario observar toda la película y no solo un fotograma parcial. “Lo que puede haber es una elección del riesgo pero el resultado final no es de beneficio global poblacional”, indica este especialista. 

Así, algunos estudios han encontrado algún beneficio en cuanto a reducción de la cardiopatía isquémica en mayores de 60 años, lo que ha llevado a que se generalice la idea de que una copa de vino es saludable para el corazón, pero “la realidad es que no hay beneficio en cuanto a reducción de la mortalidad vista en conjunto”, aclara el doctor Córdoba. 

En la misma línea se pronuncia Daniel Fuster, especialista del servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol, quien explica que a la confusión generada puede haber contribuido la conocida como paradoja francesa o del área mediterránea, donde el consumo de vino es mayor que en otras zonas pero la mortalidad cardiovascular en menor. 

Para explicar esta cuestión, el doctor Fuster añade a las razones ya esgrimidas por el doctor Córdoba: cuando se comparan los efectos entre quienes consumen una copa de vino al día y los que no consumen ninguna, registrándose menos mortalidad cardiovascular entre los primeros, es necesario tener en cuenta que en aquellos se encuentran grupos de población en los que el consumo es cero por presentar problemas de salud que ya no les permiten beber, “con lo cual ya tienen, por su situación de partida, más riesgo de mortalidad”, así como personas que fueron alcohólicas pero que en el momento presente se mantienen abstinentes, “con lo que sacar conclusiones a partir de esta comparación puede resultar sesgado”. 

Además, el doctor Daniel Fuster apunta que el consumo máximo de una unidad de alcohol al día puede formar parte, en algunos casos, del estilo de vida de personas con hábitos saludables en relación, por ejemplo, con la alimentación o el ejercicio físico, si bien ese consumo de alcohol no es un comportamiento saludable en sí mismo e insiste en que “los médicos debemos abogar siempre por el mínimo consumo posible y en que la recomendación debe ser la de un consumo cero”. 

Entender qué significa consumo de riesgo bajo 

Descartada la existencia de un consumo de alcohol que pueda considerarse saludable o seguro, lo que sí existe y conviene tener claro qué significa, según los expertos, es un consumo de bajo riesgo, “que sería compatible con el mantenimiento de un buen estado de salud en muchas personas, pero tampoco en todas”, señala este experto. 

Por un consumo de bajo riesgo se entienden 20 gramos de alcohol al día, lo que equivaldría a dos cañas de cerveza (250 ml cada una) o dos copas de vino (125 ml cada una) en varones, y 10 gramos, es decir, la mitad en mujeres. 

Diferente metabolización de hombres y mujeres 

Está diferencia por género está relacionada con el peso y con la presencia de una enzima, en concreto, la alcohol deshidrogenasa que participa en el metabolismo del alcohol, ayudando a la rotura de su molécula, con lo que se favorece su eliminación, y que las mujeres producen en general en menor cantidad. La distinta distribución corporal del agua y la grasa, que presenta también diferencias en hombres y en mujeres, es otra de las razones que explican que, en general, la población femenina metabolice peor el alcohol y por eso en este grupo el consumo considerado de bajo riesgo sea aún menor. 

Quién estaría en riesgo alto 

En situación de riesgo alto entraría quien consume más de cuatro copas de vino o de cerveza al día en el caso de los varones, y más de 2.5 en el de las mujeres, según explica Rodrigo Córdoba. 

Entre los grupos de la población en los que el consumo recomendado de alcohol no puede ser otro que cero, según los expertos, se incluyen: 

  • Menores de edad.
  • Mujeres embarazadas. 
  • Personas con antecedentes familiares de alcoholismo en primer grado. 
  • Personas que estén tomando medicación incompatible con el consumo de alcohol. 
  • Personas que deban conducir o manejar maquinaria.  

Según explica el doctor Daniel Fuster, el consumo de alcohol tiene, entre otros, efecto sobre: 

  • El hígado, causando cirrosis hepática
  • El tubo digestivo y las glándulas asociadas, causando pancreatitis aguda y crónica. 
  • El corazón, causando arritmias cardiacas como la fibrilación auricular y, si se consume en grandes cantidades, miocardiopatía alcohólica. 
  • El Sistema Nervioso Central, relacionándose con la encefalopatía de Wernicke, asociada a cambios dañinos en el cerebro, generalmente debido a la falta de vitamina B-1 (tiamina), común en personas que sufren de alcoholismo.  
  • Aumenta el riesgo de ictus, tanto de tipo hemorrágico como isquémico. 
  • Se asocia a más riesgo de demencia a edades tempranas y de trastornos relacionados con la memoria. 
  • Aumenta el riesgo de cáncer
  • Ocasiona un peor control de las cifras de tensión arterial en personas con hipertensión
  • Daño al feto durante el embarazo.

Los expertos destacan, además, que el consumo de alcohol no solo está relacionado con enfermedad, sino también con accidentes y con episodios de peleas y violencia, lo que hace que sumando las consecuencias que tiene sobre la persona que ingiere el alcohol con los que pueda causar sobre terceros esta sustancia puede resultar más nociva que otras cuyo perjuicio se circunscribe únicamente a quien la consume. 

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