Santiago Riverón alcalde electo en Dajabón pide a Dios amor por el mundo.

Santiago Riverón

A los dominicanos solidaridad por infectados del coronavirus

Marcelo Peralta

DAJABON, R.D.- Al próximo Alcalde de Dajabón por el Partido Revolucionario Moderno -PRM-, a partir del viernes 25 de abril, el comunicador Santiago Riverón, le preocupa los estragos causados por el coronavirus en el mundo, implorando a Dios interceda y a la vez instó a los dominicanos practicar los valores humanos, altruismo, solidaridad, amor, compresión, respeto y compasión con los contagiados del coronavirus.

Riverón, asumirá el cargo por un período de cuatro años en que dice que los mejores aportes que hace el ser humano en la vida es identificarse con la solidaridad del prójimo, más cuanto se halla en momentos difícil como ocurre ahora en que el coronavirus tiene al mundo a su merced.

A sus correligionarios los insta a actuar con esmero, complacencia en el bien ajeno, aun a costa del propio, ayudar a los desposeídos, necesitados, asumir la actitud de servir de buen grado a la sociedad, renunciar a los beneficios propios si es necesario, tratar de hacer el bien sin mirar a quién.

La próxima autoridad municipal dajabonera, sostiene que Jesucristo cuando andaba por el mundo, atravesando ciudades y pueblos, “curando todas las dolencias y enfermedades de sus gentes, en que hoy podamos sentir tu amor curativo, como lo está requiriendo la humanidad en la actualidad.

Recuerda Riverón que según los datos cuando Jesucristo andaba en la tierra acudía y ayudaba en medio de la propagación global de plagas, en que hoy podamos sentir tu amor curativo, y confía en que el Creador del Universo lo hará que el coronavirus desaparezca por la paz de su pueblo, que los enfermos puedan recuperar sus fuerzas, los demás andar en las calles sin temores, que las naciones trabajen unidas y que los vecinos se ayuden mutuamente.

Hace saber que la historia relata que en los descubriremos científicos se obtuvieron grandes logros para de la Humanidad en las áreas del saber, del bien común y que los objetivos sociales, se debieron a hombres que consagraron su vida a los demás, olvidando en buena medida su comodidad y hasta sus intereses inmediatos.

Para la próxima y máxima autoridad municipal, mientras el humano está en la tierra debe siempre personar en hacer el bien sin esperar recompensas de los favorecidos, ya que pocas veces el hombre es más feliz cuando dedica su vida a los otros en complacida actitud de servicio y de solidaridad.

Afirma que hay que saber presentar el altruismo educando con valor, con meta digna de esfuerzo, orientando abiertos a la generosidad; enseñar a los hijos a ser solidarios, capacitarlos para la alegría, la verdadera libertad y el amor real.

Dice que la encomiable tarea del ciudadano debe ser siempre la de educar, ayudar al inmaduro a descubrir caminos de entrega a los demás, contrarrestando el ejemplo de contravalores que empujan a la servidumbre, egoísmo, avaricia, ambición, poder y del desenfreno de las pasiones.

Plantea que hay que hacer la vida más agradable a los demás, procurar la felicidad, la devoción, destacar sus virtudes, levantar la vocación humana como modelos vivos, luchar por lo trascendental, la educación, solidaridad, altruismo desde el hogar, la sociedad y la escuela.

La próxima autoridad municipal dajabonera, subraya, que las buenas acciones que realiza el ser humano a favor de los demás refrescan la sangre y dan sueños felices, tanto para quienes la hacen y los que las reciben.

Entiende que vivir para los demás no es sólo la ley del deber, sino de la felicidad, en virtud de que el individuo no es un ser solitario encasillado en su propia originalidad irrepetible, sino capaz de sentirse vinculado a otros seres que le acompañan en su existencia.

Opina que la vida influye y refluye por los demás, que se eleva, contribuye a que ascienda, porque si se descarrilla llega a la etapa de descender y exterminarse, asegurando que debido a las acciones de cada uno repercuten, para bien o mal dependiendo de quienes les rodean.

Para Riverón, las personas deben tratar de vivir con lo que posee, conservar la solvencia moral, luchar por la fortaleza, la prudencia, capacidad de juzgar lo que se debe hacer, lo que no y tratar de borrar para siempre la ignorancia.

Dice que hay que ayudar a la formación del ser humano a que aprenda algo interesante, divertido, enriquecedor, competidor, que logre metas, valorar lo que recibe, que sea generoso, simpático, desprendido, solidario, tener aspiraciones, que por sus esfuerzos ayudarlos a ser competitivo y a entender la realidad del por qué y para qué vives.

Señala que todo ser humano tiene reto personal y que solo lo consigue con una regia formación integral en competitividad generalizada que lo conduzca a competir y contribuir con el bien común para que no tenga una “vida vacía”.

Admite ser un abanderado del crecimiento del ser humano, que adquiera logros tangibles a los que aspira mediante la verdadera felicidad, que es la que emana del amor, la paz con uno mismo, sintiendo la dicha y la felicidad de los demás como propia, sin dejarse arrastrar por el placer desmedido, el poder ilusionista, el dinero mal obtenido, fama aérea, porque son factores que los guían a la propia destrucción, a prescindir de vida de la ambición que está matando el amor y quedando reducidos a la nada.

Sobre este particular, sostiene que la juventud debe recapacitar, estudiar, formarse como buenos ciudadanos y ganar el dinero basado en el sacrificio y la decencia.

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