Sacar del prostíbulo la publicidad estatal

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Victor Bautista

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VÍA CONTRARIA

Por Víctor Bautista

@ViktorBautista

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Hay que dar la bienvenida a todas las medidas del Gobierno que contribuyan con el uso auditable de los fondos públicos.

El ocultismo y la trampa están contraindicados en la era de la hipertransparencia.

Por esa razón, me parece plausible la decisión oficial de publicar cada mes en los periódicos los pagos a suplidores y contratistas de la Cuenta Única del Tesoro.

El ejercicio de publicar la ejecución presupuestaria se hacía años atrás, pero fue descontinuada en la medida en que la superficie digital se expandió con el desarrollo de la internet.

La historia de las publicaciones presupuestarias tiene sus zonas opacas, porque en algún momento fue usada políticamente para doblegar la línea editorial en ciertos medios de comunicación.

Estoy convencido de que este no será el caso, porque pienso que la democracia ha madurado, tenemos mayor control social y el ejercicio de ciudadanía se ha robustecido.

Si bien es cierto que se trata de una información que puede ser descargada de portales oficiales por los interesados, ampliar su acceso desde la plataforma impresa es positivo.

No debemos dejar de lado  que la medida es, además, un gasto público que da oxígeno a los periódicos, afectados por la caída de la publicidad. Será un ingreso que no percibían. Eso está muy bien. 

Es necesario proteger a los contrapesos que hacen un periodismo profesional en medio de estas grandes oleadas de postverdad, en el contexto de la construcción de falsos ídolos y de los apóstoles anclados en la díscola filosofía de “abajo el que suba.”

La ocasión es propicia para  una reorientación de la publicidad estatal hacia la información útil, de servicio, de orientación, porque el Estado es justamente eso: un servidor.

También es importante tomar en cuenta que debemos propiciar la supervivencia de la radio, de la televisión, las pymes de la comunicación y de los emprendedores en la materia, pero sin que perezca la libertad de expresión.

La publicidad estatal debería basarse en unos principios y un código de ética: Nunca ser usada para coartar, fabricar adhesiones ni procurar falsos estados de opinión favorables. Por esa vía estaríamos hablando entonces de una prostitución.

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