Robinson Canó y los Yankees ventilaron cosas a destiempo

Robinson Canó

Aficionados y fanáticos al “Rey de los Deportes”: quedó atrás por fin la semana en la que se definió el futuro del probablemente más deseado agente libre de este invierno.

Canó

Robinson Canó

La firma de Robinson Canó con los Marineros sorprendió a más de uno, pero sobre todo, la forma en la que se dieron los acontecimientos y las declaraciones de ambas partes, después de que se había concretado la firma, es lo que al final de cuentas tiende a dejar un sabor amargo en este fin de la relación entre el dominicano y los Bombarderos del Bronx.

Más allá de las cifras, de los conceptos y de los sentimientos lastimados de ambas partes al final de su relación, vale la pena preguntarse si en verdad era éste el momento idóneo para declarar y confesar los pensamientos negativos que cada uno de los involucrados fue generando durante este proceso.

El “momento” de declarar, es tan importante o más todavía que lo que se quiera decir, y en muchas ocasiones, por más válidos y de peso que sean los argumentos, si no se utilizan en el instante adecuado, de poco van a servir.

Esa es una de las principales teorías precisamente de un manager que conoce muy bien a ambas partes y que ahora va camino a Cooperstown.

Dentro de su filosofía triunfadora, Joe Torre ha pregonado siempre que el momento en que se le dicen las cosas a un jugador, puede ser la diferencia entre tener resultados positivos con las sugerencias y observaciones que se hacen, o tener como resultado un verdadero fracaso.

Torre recurría frecuentemente al ejemplo de Derek Jeter en junio de 1998, cuando una lesión en el abdomen lo mantuvo fuera de circulación por varias semanas y a su regreso, batallaba para encontrar su ritmo bateador, llegando a perder más de 30 puntos en su porcentaje. Su manager explicaba que, conociendo a Jeter, no podía simplemente acercarse a él y darle consejos, sino que el momento idóneo llegaría cuando el shortstop de los Yankees necesitara escucharlos. Torre esperó algunos días hasta que Jeter se sentó junto a él en el dugout y, en solitario, procedió a decirle que era cuestión de tiempo el que el ritmo llegaría de nuevo, una situación que al final terminó por darse, pero que de acuerdo al manager, de habérselo dicho desde un principio, pudo haberle causado mayor confusión.

Una vez que se ha detectado la clase de comunicación que debes tener con tu jugador, se tiene que seleccionar el momento adecuado para efectuarla… o los momentos.

Y en ese plural, el otro gran ejemplo de Torre en cuanto al “tiempo” de las declaraciones. Aquella serie de playoff divisional ante los Indios en 1997 cuando, a cuatro outs de la victoria que los llevaría a la Serie de Campeonato, Mariano Rivera permitió el cuadrangular de Sandy Alomar. Ramiro Mendoza admitiría después la carrera de la derrota y en el quinto juego, los Yankees quedarían eliminados.

Torre sabía que no había mucho tiempo para hablar con Mariano, pero tenía que hacerlo para que el panameño no se llevara todo ese peso al receso invernal. Por eso el manager se acercó a felicitarlo por su gran temporada una vez que bajaron del avión que los trajo de vuelta de Cleveland, pero reforzó la situación cuatro meses después cuando, al inicio del entrenamiento primaveral y junto con su coach de pitcheo, Mel Stottlemyre, hablaron de frente con Rivera para explicarle que aquel incidente tenía que quedar atrás.

Mariano tuvo en el 98 una de sus mejores temporadas y durante los playoffs de ese mismo año, su efectividad de 0.00 terminó por darle la razón a su manager en torno a la “doble plática”.

Es por eso que el momento de hablar llega a ser mucho más importante a veces que el concepto de las declaraciones. Joe Torre manejó siempre el hecho de que no debería ser ni un instante antes, ni uno después. Y hoy en el caso Canó-Yankees vale la pena preguntarse: ¿fué el momento ideal para sacar las frustraciones? o ¿alguien debió esperar algunos meses para hablar con un poco más de argumentos?

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