Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.900 millones de adultos en el mundo tienen sobrepeso y más de 650 millones son obesos. Descubre por qué mantener un peso saludable es un desafío creciente en la sociedad actual.
El aumento global del sobrepeso y la obesidad: un problema de hábitos y entorno
El sobrepeso y la obesidad alcanzan cifras alarmantes en todos los países, producto de los hábitos de vida modernos en una sociedad hiperconectada y globalizada. Según los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.900 millones de adultos tienen sobrepeso, y más de 650 millones padecen obesidad. Esta tendencia creciente genera graves consecuencias para la salud pública mundial.
Este fenómeno complejo está asociado a múltiples factores, desde el fácil acceso a alimentos procesados hasta el impacto de la tecnología, que reduce la actividad física cotidiana. Estos elementos contribuyen a un entorno que favorece el aumento de peso y dificulta mantener un estilo de vida saludable.
Sociedades obesogénicas: el entorno que impulsa el sobrepeso
El director médico de Clínica Diquecito, Rubén Salcedo (MP 17.181), explica que en las últimas dos décadas mantener un peso saludable se ha vuelto un desafío cada vez mayor. “No es que falten motivos para cuidar el peso, pero el mundo actual y sus hábitos tienden a empujarnos hacia el sobrepeso si no somos conscientes y actuamos”, afirma.
Salcedo define estas realidades como “sociedades obesogénicas”, ambientes que, de diversas maneras, inducen a las personas a ganar peso. Además, señala que quienes logran bajar de peso enfrentan dificultades para mantenerlo, debido tanto a factores orgánicos como al influjo del entorno.
Los cinco enemigos del peso saludable según el Dr. Rubén Salcedo
Para comprender mejor este problema, el especialista identifica cinco grandes factores que dificultan el control del peso y que preocupan a las autoridades sanitarias mundiales.
1. Tecnología y sedentarismo: la comodidad que reduce la actividad física
Los avances tecnológicos han mejorado la calidad de vida, pero también han fomentado el sedentarismo. Salcedo destaca que muchas actividades cotidianas requieren menos esfuerzo físico, como pedir comida a domicilio, usar el control remoto o hacer compras online.
La OMS recomienda caminar al menos 10.000 pasos diarios para mantener una buena salud física. Sin embargo, la mayoría de las personas apenas superan los 4.000 o 5.000 pasos, debido a estas comodidades tecnológicas que limitan el movimiento diario.
2. Jornadas más largas y sueño insuficiente
La extensión del día gracias a la luz eléctrica ha reducido las horas de descanso, afectando el metabolismo. Dormir menos de siete horas altera la producción de hormonas clave como la leptina (que indica saciedad) y la grelina (que estimula el apetito).
Como consecuencia, quienes duermen poco experimentan más hambre y tienden a comer en exceso. Además, jornadas más largas aumentan el tiempo de exposición a alimentos, incrementando las posibilidades de sobreingesta, algo que el especialista compara con técnicas usadas para engordar animales.
3. Estrés crónico y su impacto en la alimentación
El estrés constante, presente incluso en niños, genera estados depresivos que llevan a buscar gratificaciones externas. Según Salcedo, esto puede traducirse en el consumo excesivo de alimentos altos en grasas o incluso en adicciones más graves.
Así, el estrés se convierte en un factor que eleva la probabilidad de recurrir a la sobrealimentación como mecanismo de escape y consuelo.
4. Alimentos industrializados y calorías ocultas
La comida procesada facilita la vida, pero aporta un 30% más de calorías que la comida casera. El ritmo acelerado y el estrés limitan el tiempo para cocinar, fomentando el consumo de alimentos fuera de casa o por delivery, lo que aumenta la ingesta calórica innecesaria.
El marketing alimentario también influye notablemente: en supermercados, los productos menos saludables suelen estar estratégicamente ubicados a la altura de los ojos para incentivar su compra, y la iluminación blanca aumenta el tiempo de permanencia y exposición a estos productos.
5. Estimulantes del apetito en alimentos procesados
Muchos alimentos industrializados contienen sustancias químicas que aumentan el apetito y realzan el sabor. Un ejemplo es el glutamato de sodio, que vuelve los alimentos más sabrosos y difíciles de dejar de comer, generando una sensación adictiva.
Aunque esta sustancia no está prohibida y se usa para potenciar sabores, activa los receptores gustativos y dificulta controlar la ingesta, promoviendo el consumo excesivo.
El impacto del sedentarismo en el gasto calórico diario
Aunque no hay datos exactos, se estima que el uso masivo de tecnología ha reducido el gasto calórico diario en un 20% en los últimos años. Salcedo ejemplifica que la llegada del celular eliminó la necesidad de caminar cerca de 110 kilómetros al año para atender un teléfono fijo.
Esta disminución de actividad física provoca atrofia muscular, y dado que los músculos junto al hígado representan el 40% del gasto calórico diario, menos movimiento implica quemar menos calorías. En palabras del especialista: “Mientras menos usamos nuestros músculos, menos energía gastamos cada día”.
Conclusión: enfrentar los desafíos para mantener un peso saludable
El aumento del sobrepeso y la obesidad responde a un complejo entramado de factores sociales, tecnológicos y biológicos. Reconocer los cinco enemigos del peso saludable -sedentarismo, jornadas extensas, estrés, alimentos industrializados y estimulantes del apetito- es clave para diseñar estrategias efectivas.
Solo con conciencia y cambios en los hábitos diarios será posible revertir esta tendencia y mejorar la salud global. Mantener un peso saludable es un desafío, pero no imposible, en un mundo que constantemente nos empuja hacia el sobrepeso.





