Corrupción en República Dominicana: ¿Quién explica sus riquezas?
En la República Dominicana, pocos políticos pueden justificar de manera convincente el origen de sus fortunas, más allá de una simple y falsa declaración jurada de bienes. Son numerosos los funcionarios que, al ingresar al Estado sin abolengo ni recursos, terminan acumulando riquezas incalculables que les permiten vivir en opulencia.
Este fenómeno no es casualidad. Muchos llegan al gobierno humildes, sin siquiera el traje, la corbata o los zapatos necesarios para juramentarse. Sin embargo, al salir, poseen fortunas que despiertan sospechas. La realidad es clara: el Estado no debe ser una fuente de enriquecimiento personal, sino un espacio para servir al país y a la ciudadanía.
La honestidad en el servicio público: un principio olvidado
He sostenido, y lo reitero, que “quien entra pobre al gobierno y sale rico, es un ladrón”. Esta afirmación me ha costado amistades, pues muchos prefieren ignorar esta verdad incómoda. El Estado es para servir, no para servirse, como afirmó Juan Bosch al fundar el Partido de la Liberación Dominicana en 1973: “Servir al Partido para servir al Pueblo”.
Desafortunadamente, algunos de sus discípulos más prominentes han invertido este principio. Entraron al Estado sin recursos ni prosapia y hoy están “podridos en dinero”, con fortunas tan grandes que no saben cómo gastarlas. Esta corrupción sistémica afecta la confianza ciudadana y el desarrollo nacional.
Escándalo de Punta Catalina y la respuesta del Procurador General
Recientemente, el escándalo de Punta Catalina ha sacudido la opinión pública. El Procurador General de la República informó sobre sobornos que superan los 92 millones de dólares, a los que se suman otros 50 o 60 millones adicionales. Sin embargo, ha declarado que quienes exigen su renuncia no tienen calidad moral, debido a la involucración de dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), como Andrés Bautista.
Este argumento ha generado críticas, ya que muchos consideran que el Procurador carece de la experiencia y determinación necesarias para enfrentar la corrupción. Su actuación es vista por sectores como “no dar pie con bola”, señalando posibles influencias políticas que minan su independencia.
Impunidad y falta de resultados en la lucha contra la corrupción
A pesar de las promesas de investigar los casos de corrupción “caiga quien caiga”, en los últimos años pocos procesos han avanzado realmente. En este gobierno, las vacas sagradas abundan, y la impunidad sigue siendo la norma. Un ejemplo emblemático es la figura de Quirinito, considerado un “torito sagrado” intocable.
Si el Procurador desea combatir la corrupción eficazmente, debe comenzar por el Senado de la República, un espacio donde pocos políticos han evitado la contaminación de la corrupción. Luego, debe continuar con la Cámara de Diputados, el Banco de Reservas, la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales y otros ministerios. Finalmente, una investigación profunda debería llegar al Palacio Nacional, especialmente al despacho presidencial.
El impacto económico de la corrupción en República Dominicana
Estudios de organismos nacionales e internacionales revelan que la corrupción en República Dominicana representa más del 4% del PIB anual. Esta cifra supera la inversión en sectores clave como la educación. Imagine el daño acumulado en las últimas dos décadas.
Ante esta realidad, queda la pregunta inevitable: ¿dónde están los presos por corrupción? La respuesta parece evidente: permanecen ocultos bajo la sombra de la impunidad, un obstáculo que limita el progreso y la justicia en el país.





