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Por JUAN T H

Altice

He dicho en otros artículos, que la migración es un fenómeno mundial, que el planeta fue poblado por la migración desde que comenzaron a pablarlo los primeros primates. La historia de la migración es tan antigua como la misma raza humana.

Hay quienes sostienen, a partir de algunos estudios sobre la materia, que en la actualidad hay más de 300 millones de inmigrantes en el mundo. Probablemente la cifra sea mucho mayor. En Estados Unidos, el país del “sueño americano” poblado inicialmente por migrantes europeos, luego por africanos esclavos, (afroamericanos hoy que adquirieron derechos no hace muchos años), judíos, latinoamericanos, etc., que hoy el gobierno del presidente Donald Trump amenaza con deportarlos de manera inhumana a sus respetivos países de origen, sin ninguna contemplación.

En todos los países con fronteras, donde hay una desigualdad económica, política y social, los problemas migratorios son constantes. Estados Unidos-México, Colombia-Venezuela, Costa Rica-Nicaragua. España-Marruecos, África-Europa, China-Taiwán y otras regiones del lejano continente asiático, lo del Medio Oriente, no es solo un problema religioso, también lo es fronterizo; Haití-República Dominicana, entre muchos otros en el mundo.

El caso mexicano debe tener un asterisco. En una guerra desigual, en su afán por expendirse, Estados Unidos despojó a los aztecas de poco más de dos millones de kilómetros cuadrados de su territorio, lo que lo convertiría en uno de los países más grandes, poderoso y rico del continente. En buena parte de esos terreros despójanos, residen más de 40 millones de ciudadanos de origen mexicano, que, según ha declarado la presidente Claudia Sheinbaum, aportan más del diez por ciento de su Producto Interno Bruto.

Los inmigrantes, pues, han contribuido enormemente al desarrollo y crecimiento de la potencia que hoy llamamos Estados Unidos de Norteamérica, gracias a la aplicación de políticas como la teoría Monroe, “América para los americanos”, cuando en realidad quiso decir: “América y el mundo para los estadounidenses[JTH1] ”, imponiéndola con la fuerza de las armas y la destrucción masiva,  con bombas nucleares, golpes de Estado, invasiones, guerras desiguales, etc., creando cerca de mil bases militares a lo largo y ancho del mundo, con soldados entrenados para matar.

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Las relaciones entre Haití y la República Dominicana han sido, a lo largo de su historia, complicadas, no sólo porque los dominicanos se independizaron de Haití, que en su momento fue una colonia francesa muy prospera, sino porque Haití, ha devenido a menos, mientras los dominicanos han progresado mucho más que sus vecinos que viven en un territorio desértico, sin energía eléctrica, sin agua potable, educación, salud, empleo, etc. Haití es un pueblo fantasma azotado por guerras intestinas sucesivas, las bandas criminales que se han adueñado del pobre territorio, obligando a sus ciudadanos a huir del infierno en que viven.

Huyen despavoridos al lugar posible: Republica Dominicana, ya que la otra opción, el mar, no una opción. Durante años los empresarios dominicanos han utilizado a los haitianos para laborar en sus fincas, ingenios, construcción de edificios, etc. En la mayoría de los casos, en condiciones muy precarias. Negarlo seria como intentar ocultar el sol con un dedo.

La pobreza de los haitianos ha enriquecido a oligarcas haitianos y dominicanos que se han confabulado para enriquecerse.

Pese a la discriminación, la xenofobia y el odio de muchos, al maltrato de empresarios y autoridades policiales y militares, los trabajadores haitianos le aportan entre un 7 y un 8 % el PIB de la economía local, algo que muchas veces ignoramos o queremos ignorar.

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Hay dominicanos que se desayunan con un niño haitiano envuelto; almuerzan con dos haitianas embarcada al carbón, y cenan con un anciano a la parrilla, que ellos mismos traen en caminos, autobuses y yipetas de lujo. Hay una mafia de las autoridades civiles y militares, tanto de dominicanos como de haitianos. Pero nadie ha querido terminar con esas mafias, con esas bandas, tan criminales como las existentes en territorio haitiano.

La marcha “patriótica” en Friusa, no debió ser contra los haitianos que residen en ese hoyo, debió ser, a conciencia, contra los empresarios del sector turístico, de la construcción, que lo crearon, y contra los gobiernos, incluyendo este, que lo permitieron.

El tema haitiano tiene que ser abordado desde otra óptica, no desde el incentivo del odio y la violencia; al contrario, es desde el punto de vista humano. Los haitianos son una realidad en el país, su participación en la economía es fundamental. El tema debe ser sacado del interés político partidario. Es un tema país. Así debe ser tratado. Abordarlo desapasionadamente, sin sesgo, sin odios ni rencores. La migración debe ser detenida. Terminar con el negocio de la repatriación. Los haitianos residentes en el país tienen que regularizados a partir de lo que establece la Constitución y la ley que rige la materia.

Pero es mejor, más fácil, menos riesgoso y políticamente favorable, emprenderla contra los haitianos, que, en ultima instancia, no son más víctimas. (Es como coger piedra para los más chiquitos, romper la soga por lo más débil o coger el rábano por las hojas. (Que conste, son tan o más dominicano que cualquiera. El patriotismo no se mide en una marcha ni en la firma de una declaración de odio y venganza).

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