La nostalgia del Trujillo que muchos claman: ¿realidad o mito?
Juan T H reflexiona sobre la persistente nostalgia que algunos sectores de la sociedad dominicana expresan por la llamada “Era del Jefe” o la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Durante décadas, voces llenas de rabia e impotencia han clamado por un regreso a ese régimen autoritario, evocando supuestos tiempos de orden y seguridad.
Los mitos que rodean la “Era del Jefe”
En radios, redes sociales, parques y reuniones familiares, se repiten frases como: “Aquí hace falta un Trujillo” o “Cuánta falta hace el Jefe”. Muchos recuerdan con nostalgia los merengues que popularizó la dictadura o las escenas de Trujillo bailando con damas en salones de la ciudad, evocando una época de aparente estabilidad.
Frases comunes incluyen: “Se podía caminar tranquilo sin miedo a ser asaltado o asesinado”, “Había orden y disciplina”, o “La educación era mejor que la actual”. Sin embargo, detrás de estos recuerdos idealizados, se oculta una realidad mucho más oscura.
La verdadera cara de Trujillo: terror y represión
Lejos de ser un líder benévolo, Trujillo fue un dictador despótico, violento y corrupto. Un asesino implacable que gobernó con mano de hierro, robando las riquezas del país y controlando a la población mediante el miedo.
Se le describe como un ser cruel, comparado con una bestia venenosa que disfrutaba del sufrimiento ajeno. Bajo su régimen, la República Dominicana se convirtió en una finca privada, donde el dictador era dueño absoluto de las tierras, el ganado y las personas.
El terror cotidiano bajo la dictadura
El control social se ejercía a través de una red de informantes conocidos como “calieses” y vehículos llamados “cepillos” que patrullaban las calles, intimidando, arrestando, torturando y desapareciendo a quienes se oponían al régimen.
Durante más de 30 años, se estima que la dictadura de Trujillo causó la muerte de más de 50 mil dominicanos, víctimas de ejecuciones extrajudiciales, torturas y desapariciones forzadas. Cualquier crítica al régimen podía significar prisión o muerte inmediata.
República Dominicana bajo el control absoluto de Trujillo
El país, con sus 48 mil km², 9 provincias y cerca de 3 millones de habitantes, estaba completamente cerrado y vigilado. Nadie podía entrar o salir sin permiso, gracias al ejército privado del dictador.
Los derechos humanos básicos, reconocidos internacionalmente tras la Segunda Guerra Mundial, fueron sistemáticamente violados. El derecho a la vida, a la libertad de expresión, al trabajo digno y a la justicia desaparecieron durante la dictadura.
El llamado urgente a un sistema democrático auténtico
En la actualidad, no hace falta otro Trujillo, ni un régimen autoritario que viole los derechos humanos y concentre todo el poder en una sola persona. Lo que la República Dominicana requiere es un sistema verdaderamente democrático, donde se respeten las instituciones, la Constitución y las leyes.
Este sistema debe garantizar tolerancia cero contra la corrupción, el narcotráfico y la impunidad, con presidentes honestos y comprometidos con el bienestar común. Deben promover la alternabilidad en el poder y evitar que intereses corruptos perpetúen su dominio.
Un modelo para el futuro: justicia, independencia y desarrollo
El país necesita un modelo diferente que invierta en salud, educación, vivienda y generación de empleo. Además, es imprescindible una verdadera separación de poderes con un Congreso independiente, un Ministerio Público autónomo y un sistema judicial imparcial.
Solo con estas condiciones la República Dominicana podrá avanzar hacia un futuro justo y próspero, dejando atrás las sombras de otra dictadura.





