La importancia del Estado como árbitro justo y garante del orden
Lord Byron lo dijo con claridad: “Apenas son suficientes mil años para formar un Estado; pero puede bastar una hora para reducirlo a polvo.” Esta frase resume la fragilidad y el valor del Estado como institución fundamental para la sociedad.
El rol esencial del Estado en la sociedad
El Estado está llamado a ser un árbitro justo y un organizador imparcial, encargado de garantizar el cumplimiento de las reglas para que la sociedad funcione con equilibrio. Además, debe ser el abanderado del bien común, proveedor de seguridad mediante el monopolio legítimo de la fuerza y responsable de ofrecer servicios que dignifiquen la vida de los ciudadanos.
En este modelo, los ciudadanos aportan al sostenimiento del Estado a través del pago de impuestos y el cumplimiento de las leyes, conformando así una relación virtuosa y necesaria para el desarrollo social y económico.
Ejemplos de éxito: países con instituciones sólidas
Esta relación Estado-sociedad, aunque imperfecta, es comprobable en países que han alcanzado los mejores niveles de vida. Algunos incluso cierran cárceles por déficit de infractores, gracias a la eficacia institucional y la aplicación rigurosa del marco legal sin medias tintas.
La clave del éxito reside en el funcionamiento adecuado de las instituciones y el respeto absoluto a la ley, pilares fundamentales para una sociedad ordenada y próspera.
El peligro del Estado corrupto y fallido
Por su naturaleza, el Estado no debe ser delincuente, ladrón ni manipulador de argucias ilegales para alcanzar sus objetivos. Cuando estas prácticas opacas se vuelven comunes, bajo la excusa de que el fin justifica los medios, emergen el atraso institucional, el caos, la desconfianza y, finalmente, el Estado fallido.
Un Estado que actúa con engaños, astucia retorcida y violaciones al marco legal es una aberración que socava los cimientos de la sociedad organizada. Esto abre la puerta a la ley del más fuerte y a la competencia delincuencial en todas las esferas, provocando la pérdida del sentido de nación, lo que equivale a perderlo todo.
La preocupación por la pasividad social en República Dominicana
Resulta alarmante la pasividad de la sociedad dominicana ante hechos que ponen en riesgo su sostenibilidad. Casos como procesos judiciales donde quienes representan el interés público fabrican pruebas ilegalmente, convierten la fantasía en argumento, violan el debido proceso y proclaman culpabilidades en medios sin investigaciones serias, deberían encender la alarma colectiva.
Estas acciones minan la confianza en las instituciones y consolidan un clima de impunidad peligroso para la democracia y el Estado de derecho.
Manipulación y ataques desde instancias públicas
Un ejemplo preocupante es la alteración de un texto original de la embajada de Estados Unidos para desprestigiar a una periodista mediante campañas impulsadas por bots en redes sociales. Que estas malas prácticas provengan de entidades públicas debe poner a la sociedad en máxima alerta.
El Estado no debe ser un forajido. Su legitimidad y autoridad dependen de la transparencia, la justicia y el respeto a la ley, valores imprescindibles para la estabilidad y el progreso de cualquier nación.





