Por JUAN T H
Una buena parte de la humanidad debe estar muy preocupada por el rumbo que está tomando la situación política universal bajo la dirección del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, poniendo en riesgo la estabilidad y la gobernabilidad de la mayoría de los países del planeta.
Me pregunto cómo es posible que el pueblo norteamericano le haya otorgado tanto poder a un hombre enfermo, que no está facultad psicológicamente para tomar decisiones que pueden terminar afectando no solo a su país, sino al resto de los países, la primera potencia nuclear, con más de 800 bases militares diseminadas por todos los continentes para actuar en el momento que se le ordene.
Donald Trump, con todo el poderío que tiene entre sus manos se muestra soberbio, arrogante, petulante, pedante y narcisista, características propias de un sociópata que desprecia a sus semejantes al considerarlos enanos ante su estatura mesiánica propia de un dios que puede decidir quien vive y quien muere, quien merece gobernar y quien no. Trump es Zeus, el dios del Olimpo de la mitología griega.
Me pregunto si es que el “establishment” de Estados Unidos (grupos de poder, no importa si son demócratas o republicanos, empresarios o comerciantes, importadores o exportadores) no se ha dado cuenta del peligro que corre Estados Unidos en manos de una persona como Donald Trump, que obviamente no está en sus cabales, desquiciado por completo, amenazando con invadir y destruir a sus propios aliados en América Latina, Europa, Asia, África y Oceanía, que le costaron más de 200 años alcanzar.
La esquizofrenia del poder la he visto muchas veces a lo largo de la historia. En esta ocasión la observo en el presidente Donald Trump. Por alguna razón me hace recordar la historia del Imperio Romano.
La historia de los emperadores romanos es una historia de aciertos y desaciertos, de terror y muerte. Algunos locos de atar estuvieron al frente del poderoso imperio, como Calígula, que intentó nombrar Cónsul del Imperio a su caballo, que le declaró la guerra al mar enviando a los soldados a enfrentar las olas. Nerón fue otro Cesar loco, a quien se le atribuye el incendio de Roma que duró seis días, pero que le sirvió de excusa para perseguir y asesinar a los cristianos.
Un megalómano no puede estar al frente del imperio más poderoso del mundo, pues puede conducirlo al desastre, a la destrucción total. Me recuerda el Imperio Romano que, por más de 500 años, antes y después de Cristo, se extendió por casi todo el mundo, continuando posteriormente por el Imperio del Norte (Bizantino) por más de dos mil años.
Donald Trump es una amenaza para el mundo, como lo fue Hitler en su momento. ¡Admitámoslo! El destino de la humanidad no puede estar concentrado en el poder de un hombre, patológicamente enfermo mental.
Una junta médica, integrada por psicólogos y psiquiatras de alto nivel, designada por el Congreso estadounidense, debería examinar la capacidad del presidente Trump para continuar al frente del país.
Trump amenaza con terminar con las Naciones Unidas, el Derecho Internacional y otros organismos regionales que han garantizado, con altas y bajas, la gobernabilidad y la paz mundial después de la Segunda Guerra Mundial, incluso en medio de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética.
En medio de su locura, Trump amenaza, invade, impone sanciones, aranceles unilaterales, bloqueos políticos y económicos sin el consentimiento ni la aprobación del Congreso de su país, algo inédito.
Ordena invadir Venezuela, secuestra al presidente Nicolás Maduro, en un hecho sin precedentes, sin el conocimiento ni la aprobación de los legisladores, destruye embarcaciones de pesqueros del caribe, rodea con sus buques de guerra las costas del país suramericano, ocupa barcos petroleros en acciones temerarias que han recibido el repudio de la comunidad internacional.
No ha terminado bien con Venezuela cuando amenaza a Colombia, Cuba, Nicaragua, Panamá, Ecuador, Perú, Canadá, Dinamarca, etc. Dice que la OTAN, la alianza militar más poderosa del mundo, ya no tiene sentido, lo cual es una amenaza a los países de Europa, sus aliados estratégicos.
El misántropo de Trump, el Hitler de este siglo, está convencido de que China y Rusia son los principales enemigos de Estados Unidos. Por lo tanto, deben ser aniquilados en el momento más oportuno, que nunca estarán a salvo de una intervención masiva nuclear, lo cual será un error, probablemente el último, porque en una conflagración nuclear de esa magnitud no habrá ganadores.
Una cosa es innegable: La humanidad ha retrocedido enormemente cientos, tal vez miles de años con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Hemos vuelto a la época de la selva militar donde nadie está seguro, con los imperios destruyéndose unos y otros impidiendo el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Estamos viviendo en la época donde sobrevive el más fuerte, el que posee más armas y más militares entrenados para matar a sus semejantes.
Donald Trump debe ser detenido en su laberinto de terror antes de que sea demasiado tarde. El pueblo norteamericano, con las reservas políticas, éticas y morales que aún le quedan, tienen la responsabilidad histórica de ponerle un alto al jefe del Estado estadounidense. ¡Ahora, porque mañana puede ser muy tarde!

