El trágico caso de Alex Hardy: la cirugía de fimosis/” title=”…: ¿Dolor al tener una erección y problemas al orinar?”>circuncisión que terminó en suicidio
Lesley Roberts quedó impactada al recibir el último correo electrónico de su hijo Alex Hardy, programado para llegar el 25 de noviembre de 2017, doce horas después de que él se suicidara.
Menos de una hora antes de la llegada del mensaje, Lesley había sido informada por la policía sobre la muerte de su hijo, un joven de 23 años, inteligente y popular, sin antecedentes de enfermedades mentales. Nadie podía entender por qué Alex decidió quitarse la vida.
Lo que más sorprendió a Lesley es que Alex nunca había mencionado a su familia o amigos los problemas que enfrentaba, ni siquiera que había sido circuncidado.
La cirugía y el diagnóstico de fimosis
El problema médico que llevó a Alex a la cirugía es la fimosis, una condición en la cual el prepucio está demasiado apretado para retraerse del glande. Esta situación es común en los primeros años de vida y generalmente mejora con el tiempo.
Cuando la fimosis genera complicaciones, como dificultad para orinar o dolor durante las relaciones sexuales, se recomienda tratamiento. En Inglaterra, el Servicio Nacional de Salud (NHS) aconseja el uso de esteroides tópicos y técnicas de estiramiento, reservando la circuncisión como último recurso.
En cambio, en Canadá, país donde la circuncisión es más habitual, Alex fue remitido directamente a un urólogo, quien le recomendó la cirugía sin ofrecer alternativas.
La experiencia con el urólogo
Alex relató que el especialista “mintió completamente” sobre la efectividad de los estiramientos, asegurando que no funcionarían en su caso. Con cierto escepticismo, pero confiando en la autoridad médica, aceptó la circuncisión.
Posteriormente, Lesley descubrió múltiples críticas negativas sobre ese mismo urólogo, que cuestionaban su competencia y denunciaban cirugías fallidas y daños irreparables.
Una paciente afirmó que no ha podido trabajar desde su operación por problemas renales, mientras otra denunció la presencia de un instrumento quirúrgico olvidado en la vejiga durante meses.
La investigación y la denuncia
Horrorizada por estos testimonios, Lesley solicitó una investigación contra el urólogo. Aunque le confirmaron que hay un proceso en curso, el Colegio de Médicos y Cirujanos de Columbia Británica indicó que no puede revelar detalles hasta que haya una sanción formal.
Lesley lamenta profundamente no haber podido proteger a su hijo: “Desearía con todo mi corazón que mi querido hijo hubiera huido”.
El calvario tras la circuncisión
Alex no pudo investigar adecuadamente al urólogo ni la cirugía debido a que su computadora portátil estaba dañada. Intentó hacerlo en una sala pública, pero se sintió incómodo por el tema tabú.
A los 21 años, en 2015, aceptó someterse a lo que consideraba un procedimiento menor. Sin embargo, poco después la situación empeoró gravemente.
En su correo final, Alex describió con detalle los problemas físicos que sufrió tras la operación: una sensibilidad constante y dolorosa en la cabeza del pene, ahora desprotegida por la ausencia del prepucio.
“Estas sensaciones provocadas por la fricción de la ropa son una tortura que no ha disminuido con los años”, escribió. Comparó el dolor con la amputación del párpado de un globo ocular.
Lesley recuerda el sufrimiento de su hijo, un gran aficionado al esquí y snowboard, actividades que se volvieron dolorosas tras la cirugía.
Opinión médica sobre la sensibilidad post-circuncisión
El cirujano urólogo Trevor Dorkin, miembro de la Asociación Británica de Cirujanos Urológicos, explica que la cabeza del pene suele volverse más sensible tras la circuncisión, pero esta sensibilidad generalmente se reduce con el tiempo.
“El cerebro se adapta a las nuevas señales nerviosas y la mayoría de los hombres se ajusta sin problemas”, asegura Dorkin, quien ha realizado más de 1.000 circuncisiones.
Consecuencias sexuales y dolorosas
Alex también sufrió disfunción eréctil, ardor y picazón, especialmente en la zona donde se removió su frenillo, una banda de tejido muy sensible que conecta el prepucio con la superficie inferior del pene.
El frenillo, conocido a veces como la “cuerda de banjo”, es considerado una de las áreas más erógenas y relevantes para la función sexual masculina, según el doctor Dorkin.
Aunque en algunos casos la remoción del frenillo no afecta el placer sexual, para Alex fue una pérdida significativa.
El dolor de una “mutilación genital”
En su carta, Alex calificó la cirugía como una “mutilación genital”. Destacó que la ausencia de su frenillo le provocaba un sufrimiento intenso y afirmó:
“Si alguien te amputara el clítoris, podrías entender cómo me siento”.
Este testimonio pone en evidencia los riesgos y consecuencias físicas y emocionales que puede acarrear una circuncisión mal indicada o mal realizada, un tema que sigue siendo tabú pero que merece atención y debate.





