Santo Domingo. — ¿Qué pasa cuando una de las comidas más presentes en la mesa de los dominicanos se encuentra con una de las grandes pasiones del país? La respuesta tomó forma de pelota de béisbol, en una experiencia creada por Milano como parte de las actividades del Mes de la Pasta.
Durante una jornada realizada junto a los jóvenes de la Liga Joel Suárez, una pelota de béisbol elaborada 100 % con pasta real se convirtió en uno de los elementos más llamativos del encuentro. Esta innovadora pieza fusionó dos elementos profundamente arraigados en la cultura dominicana: la gastronomía y la pasión por la pelota.
La pieza despertó inmediatamente la curiosidad de los jóvenes jugadores, quienes se acercaron para conocerla y descubrir cómo un alimento tan cotidiano podía transformarse en una pelota de béisbol. El entusiasmo aumentó cuando uno de los niños de la liga fue elegido para realizar el primer lanzamiento de la pelota de pasta, protagonizando uno de los momentos más alegres de la jornada junto a sus compañeros.
Más allá de su particular apariencia, la pelota de pasta sirvió para contar una historia alrededor de la alimentación de los jóvenes deportistas. En uno de los mensajes que acompañaban la experiencia se resumía una idea sencilla: “Pa’ jugar como pelotero hay que comer como pelotero”, recordando que la preparación para jugar también comienza con los hábitos que forman parte de la rutina diaria.
La pasta ocupa un lugar importante dentro de esa conversación por los carbohidratos que aporta, nutrientes que el cuerpo utiliza como fuente de energía durante la actividad física. De ahí parte otro de los mensajes presentes en la experiencia: comer, reposar y salir a jugar, entendiendo que la energía necesaria para entrenar también se construye desde la alimentación.
Pero la preparación no termina en un solo alimento. La propuesta también invitó a pensar en la variedad de la alimentación, acompañando la pasta con proteínas y vegetales como parte de una comida más completa. Después de tantas carreras, swings y lanzamientos, recuperar la energía utilizada también es importante para prepararse y volver al terreno al día siguiente.
Así, la pelota de pasta permitió llevar estos mensajes a los jóvenes de una manera cercana y entretenida, vinculando un elemento propio de su mundo deportivo con otro que forma parte de la mesa familiar. En ese encuentro entre la gastronomía y la pelota cobra sentido la idea de que Milano es la pasta del pelotero dominicano dominicano, acompañando desde la alimentación esos momentos que forman parte de su preparación, sus entrenamientos y sus sueños.
“Queríamos encontrar una manera diferente de hablar sobre la conexión que existe entre la pasta y esos momentos que forman parte de la vida de un pelotero dominicano dominicano. La pelota hecha 100 % con pasta real nos permitió llevar esa conversación al terreno de una manera cercana y fácil de entender para los niños. Ver su entusiasmo, especialmente cuando uno de ellos tuvo la oportunidad de hacer el primer lanzamiento, fue una muestra de cómo una idea innovadora puede convertirse también en un momento de alegría y encuentro”, expresó Susanne Michelle Roldán, representante de Pastas Milano.
La experiencia se desarrolló en medio de una jornada que también incluyó música, juegos, dinámicas y un espacio para compartir alrededor de la mesa. Los jóvenes de la Liga Joel Suárez disfrutaron de la actividad junto a sus compañeros, entrenadores, familiares e invitados, mientras la pasta se convirtió en parte de una celebración marcada por la alegría y el entusiasmo de los pequeños jugadores. La jornada también incluyó la renovación de los dogouts y la entrega de implementos deportivos para acompañar sus entrenamientos.
Porque para el pelotero dominicano dominicano, la pelota no es solo lo que ocurre durante un juego. También está en cada entrenamiento, en los momentos con sus compañeros, en el esfuerzo de cada día y en todo aquello que lo ayuda a prepararse para volver al terreno. Y esta vez, esa historia encontró una forma inesperada de contarse: una pelota hecha 100 % de pasta real, que llevó al terreno un pedacito de la mesa y recordó que, mucho antes de vestir un uniforme, todo pelotero fue un niño que tomó una pelota entre sus manos y se atrevió a imaginar hasta dónde podía llegar.

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