Contaminación deja a Santiago sin arroyos y cuerpos de agua

El Jacaguero

SANTIAGO, RD.- El acelerado crecimiento demográfico que en los últimos años ha experimentado Santiago, al igual que otras ciudades del país ha eliminado y contaminado numerosos afluentes y cuerpos de agua que hasta hace cuatro décadas eran fuente de abastecimiento, por su estado cristalino, para las personas que residen en su entorno.

Este daño se inició con descarga indiscriminada por parte de las empresas de contaminantes al entonces caudaloso río

Río Yaque del Norte. Archivo

Yaque del Norte a su paso por esta urbe, que luego con las ocupaciones de sus riberas y las de los arroyos y cañadas, se encargaron de eliminarlo.

A finales de la década del 70 e inicio de los 80, la emigración del campo a la ciudad se incrementó, pero muchas de estas personas aprovechando la debilidad de las autoridades fueron a ocupar estas áreas, desde donde a la falta de los servicios básicos, descargaban a dicho afluentes, cuyas corrientes entonces terminaban en el río Yaque.

Ese proceso continuó de forma acelerada en la década de 1990 hasta inicio del presente siglo, por lo que cada vez, la contaminación y eliminación de ribera ha sido mayor, por lo que ahora los cuerpos de agua que no han desparecido contienen una alta carga de contaminación.

En el caso de los arroyos en Santiago se conocen el de Nibaje, Gurabo, Quinigua, Pontezuela y Jacagua, junto a las cañadas, del Diablo, Ingenio Arriba, Elías, Vuelta Larga, El Maco y otras pequeñas cuerpos de agua que hoy son el soporte de viviendas.

Lo grave del caso es que a pesar de la falta de conciencia de la población, las autoridades responsables de velar y cuidar el medio ambiente y los recursos naturales, no han dado muestra de detener esta destructora acción que amenaza la supervivencia de los seres humanos.

De un lado la debilidad de las autoridades judiciales y además el clientelismo político al cual se acuñan, muchos irresponsables, para ocupar las riberas y áreas verdes que deben servir de pulmón para amortiguar los cambios climáticos, pero que lamentablemente parece no haber forma de detenerlo.

Se impone entonces incluir en los programas educativos la conciencia a los estudiantes de la necesidad y obligatoriedad de conservar y preservar el medio ambiente, para que sean ellos que lleven consigo esa responsabilidad ante la debilidad institucional que prevalece en el país.

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