Emmanuel García Musa: Reflexiones sobre la educación sexual y los valores en la juventud actual
Los adultos de hoy no crecimos con una educación sexual formal, sin embargo, hemos aprendido a respetar las preferencias sexuales de todas las personas. Por eso, resulta difícil entender por qué ahora se insiste en reeducar a los menores para que comprendan estos conceptos, especialmente en un mundo hiperconectado donde la información está al alcance de todos.
¿La educación sexual disminuirá la violencia contra la mujer?
El argumento de que esta educación contribuirá a respetar a la mujer y reducir la violencia hacia ella parece insuficiente. La violencia que enfrentamos es generalizada: aumentan los atracos, robos, homicidios, corrupción, consumo de drogas, violaciones y la falta de respeto en las relaciones de pareja.
Además, muchos jóvenes carecen de rumbo, criterio y esperanza, influenciados por ejemplos negativos como la riqueza fácil de políticos y funcionarios corruptos. En síntesis, se han perdido valores esenciales como el respeto a la vida, a la propiedad ajena, el miedo a la cárcel y la importancia de la familia.
La crisis de la educación cívica y moral en la sociedad
También se ha debilitado la educación en moral, civismo y valores, así como el respeto a los símbolos patrios y al orden social. La falta de educación vial es palpable: menores circulan en motocicletas sin licencia, las leyes de tránsito no se aplican correctamente y se penaliza injustamente a quienes cumplen con la normativa.
Este desorden generalizado parece dejar la responsabilidad del cambio en manos de las nuevas generaciones, quienes, dentro de diez o quince años, deberían aportar soluciones.
El rol de los padres en la formación de los hijos
¿Por qué apoyar a padres y madres que delegan toda la crianza a la escuela, vecinos u otros, evadiendo su responsabilidad? Muchos desatienden las amistades, actividades y problemas de sus hijos, mientras otros fomentan la dependencia y la irresponsabilidad.
El verdadero objetivo de la educación formal
Los estudiantes asisten a liceos, escuelas o colegios para formarse en ciencias y adquirir conocimientos con el fin de obtener un título o continuar estudios superiores. No para aprender sobre relaciones sexuales prematuras, mecánica de drogas o delincuencia, temas que se adquieren en otros espacios sociales o en redes digitales.
Entonces, ¿por qué utilizar a los menores para temas que aún no comprenden y que podrían confundirlos? ¿Por qué no fortalecer la educación formal y asumir la responsabilidad de corregir los daños causados por años de corrupción y desorden?
¿Se está vulnerando el derecho de los menores?
Imponer estas enseñanzas podría estar robándoles el derecho a ser niños y adolescentes protegidos. Si se considera que están en capacidad de abordar temas de identidad sexual, entonces, ¿por qué no eliminar la minoría de edad, permitir el matrimonio infantil o el trabajo infantil, suprimir la educación básica y eliminar restricciones como las de bebidas alcohólicas o acceso a lugares para adultos?
Estas preguntas invitan a reflexionar sobre el futuro que se está generando para la sociedad, la familia y el Estado.
Conclusión: ¿Género o génera? Un debate para el futuro social
El desafío actual es definir qué tipo de sociedad, familia y Estado queremos construir, y cómo la educación y los valores pueden ser el verdadero motor de ese cambio.





