Por Juan T H
El “Foro Social”, para los más jóvenes, era una sección del periódico El Caribe, donde el chisme, la intriga y la blasfemia adquirieron categoría de Estado durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, muy temida por empresarios, comerciantes, dirigentes del Partido Dominicano y los funcionarios civiles y militares, fundamentalmente.
Aparecer en el “Foro Público” significaba entrar en desgracia con el régimen. Implicaba la cancelación, persecución, apresamiento, exilio, incluso la muerte.
Nadie quería ver su nombre en esa columna del diario El Caribe, por sus implicaciones políticas, económicas y sociales. El chisme y la farándula, redactados con picardía e insinuaciones morbosas obligaban su lectura.
Dicen algunos historiadores que Trujillo era el autor intelectual de los pasquines, que revisaba los textos que dictaba contra sus propios funcionarnos. De ahí el temor de ser señalado como enemigo del régimen.
Todos los temían, como el Diablo a la Cruz, al “Foro Público” Trujillista.
Ahora tenemos una versión moderna del “Foro Público”, masivo a través de las plataformas digitales y canales de YouTube, pero no lo dirige nadie en particular que suman cerca de un centenar.
No vivimos en una dictadura como la de Trujillo, donde el terror y el pánico asechaban en cada esquina, y los enemigos del régimen pagaban su osadía con la persecución, el apresamiento la tortura en La 40, la desaparición, el exilio o la muerte.
Durante 31 años el pueblo dominicano suportó la tiranía, hasta que un buen día, un grupo de extrujillistas, hastiados de tantos abusos criminales decidió pagarle con la misma moneda asesinándolo, acribillándolo en la autopista que hoy lleva el nombre de 30 de mayo, en honor a los héroes de la gesta.
Los tiempos han cambiado. El país de hoy dista mucho del país de ayer. Ahora vivimos en democracia, no sé si para bien o para mal. Durante más de 30 años vivimos temerosos, hasta que el miedo, como suele decir el doctor Guido Gómez Mazara, “terminó en el baúl de un carro”. No es la verdad histórica, pero la expresión sirve para ilustrar el cambio que se produjo tras el magnicidio del dictador. (A Guido no lo joden mucho porque tiene el coraje de acudir a los tribunales cuando su honra es puesta a prueba. No todos pueden hacerlo. El miedo al paredón mediático los asusta demasiado)
Vivimos en democracia, pero esta democracia tiene que ser revisada. Una cosa es democracia y otra muy distinta es el democratísimo. La democracia tiene sus límites. No puede ser un relajo donde se juegue con la ética y la moral de los demás.
Lo que veo y escucho todos los días a través de las redes sociales es inaceptable. Analfabestia despretinando contra todo el que no le caiga bien, extorsionados, chantajeándolos, injuriándolos y difamándolos, como en los mejores tiempos del Foro Trujillista del periódico El Caribe, que históricamente perteneció al propio Trujillo y que luego, mediante un trueque, paso a la familia que todos conocemos.
No está lejos el día en que una persona, al sentirse difamado, injuriado y agredido en su condición humana, decida matar a un deslenguado o deslenguada, de los que hoy abundan en las redes sociales, amparados en los “derechos democráticos”.
Hombres y mujeres, anclados en determinadas plataformas digitales y canales de YouTube, acabándose unos con otros, utilizando palabras ofensivas, denigrantes y claramente difamatorias, sin ninguna consecuencia jurídica.
Reitero, no está lejos el día en que un ciudadano cualquiera decida tomarse la justicia por sus manos ante la ausencia de una actividad que defienda su derecho a la dignidad y el buen nombre, como lo consagra la Constitución.
Las cosas que se escuchan y se ven en las redes “no tienen madre”. Los inmorales nos han igualado como dice el tango cambalache. Hoy da lo mismo ser honesto o perverso. Todo es igual. Nada es peor. Los inmorales nos han igualado. Gente con un vocabulario que no llega a las cien palabras, que hacen de los ejecutivos una muleta degradando el debate a su máxima expresión.
Es una lástima que haya desaparecido -en los hechos- la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, al igual que el Colegio Dominicano de Periodistas y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, que no actúan en contra de los analfabestias que pululan en las redes sociales. Gente que no debería tener derecho a la expresión y difusión del pensamiento.
Antes de que ocurra una desgracia, que un ciudadano mate a un pelafustán que amparado en su” derecho democrático” de decir todo cuanto le venga en ganas contra el presidente de la República y contra funcionarios, políticos, deportistas y artistas.
Como dice una querida amiga, culpables son los gobiernos que hemos tenido en los últimos 20 años, que, amparado en una democracia perversa, casi homicida, han permitido que esta jungla prospere, que el chantaje, la extorsión, la difamación y la injuria haya alcanzado un nivel tan obsceno, penoso y degradante. (¡Cuánta razón tiene!)

