Reflexión sobre el dinamismo comercial y los retos sociales del centro histórico de Santiago
Por Carlos Ricardo Fondeur Moronta
Santiago de los Caballeros. En un perímetro de aproximadamente doce kilómetros cuadrados, ubicado en pleno centro histórico de la ciudad, se desarrolla una intensa actividad económica que convierte a Santiago en uno de los principales polos comerciales de la región norte del país. Cientos de negocios formales, miles de microempresas y una gran cantidad de ciudadanos provenientes de toda la región del Cibao convergen diariamente en este espacio para realizar compras, diligencias y múltiples actividades económicas.
La jornada en el centro histórico comienza desde muy temprano. A las cinco de la mañana, el movimiento inicia con la llegada de comerciantes y productores al tradicional Hospedaje Yaque, considerado durante décadas el principal punto de comercio de productos agrícolas del Cibao. Este lugar debe su nombre a que, en el pasado, allí se alojaban vendedores y transeúntes que viajaban desde lugares distantes, especialmente desde comunidades montañosas como San José de las Matas.
Con el amanecer, la ciudad cobra vida. Cuando el sol se alinea sobre la emblemática calle Del Sol y el imponente Monumento a los Héroes de la Restauración, símbolo arquitectónico de la ciudad, se inicia la jornada cotidiana de una de las urbes más importantes de las Antillas.
Durante el día, desde tempranas horas de la mañana hasta entrada la noche, se realizan innumerables transacciones comerciales que movilizan millones de pesos y dólares. Bancos, tiendas, supermercados y centros comerciales mantienen una actividad constante que exige la presencia permanente de las autoridades y de los organismos de seguridad del Estado.
Por esta dinámica, Santiago se ha consolidado como una verdadera “ciudad tienda”, ya que recibe diariamente visitantes provenientes de provincias como Dajabón, Montecristi, Valverde, Puerto Plata y Samaná. Muchos llegan para realizar compras, acudir a centros de salud o simplemente conocer la ciudad, convirtiendo estas visitas en una experiencia que mezcla comercio, turismo y vida social.
Sin embargo, este dinamismo también ha dado lugar a otra realidad: el centro histórico funciona hoy como una “ciudad almacén”. Cada tres o cuatro edificios comerciales albergan almacenes que abastecen a tiendas y centros comerciales, mientras que las viviendas familiares son cada vez más escasas.
La transformación del casco urbano ha provocado la desaparición gradual de la vida nocturna que caracterizó al centro de Santiago durante décadas. Restaurantes, bares, discotecas y espacios culturales que antes reunían a intelectuales y artistas han ido desapareciendo, reduciendo las oportunidades de encuentro social.
A esto se suma el abandono de numerosas viviendas históricas. Más de doscientas casas permanecen desocupadas debido a desacuerdos familiares sobre su mantenimiento o por decisiones de sus propietarios de no alquilarlas ni venderlas, lo que contribuye al deterioro progresivo del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Ante esta situación, resulta necesario fortalecer el trabajo conjunto entre las instituciones locales, los ciudadanos y la Oficina de Patrimonio Cultural de Santiago, con el objetivo de impulsar proyectos de recuperación del centro histórico, preservar su valor cultural y fomentar una convivencia urbana que combine desarrollo económico con vida comunitaria.
El desafío consiste en mantener a Santiago como el gran centro comercial del Cibao sin perder su esencia histórica y social, garantizando que el crecimiento económico también vaya acompañado de espacios de convivencia, cultura y preservación patrimonial.
Carlos Ricardo Fondeur Moronta es periodista y ensayista. Reside en Santiago de los Caballeros.

