Por JUAN T H
Sin ninguna calidad moral Estados Unidos se arroga el derecho de darle título de “dictador” a un presidente cuando no acepta sus mandatos imperiales. Pero cuando el mandatario es un pusilánime, genuflexo, entreguista y mequetrefe, lo apoya política, militar y económica de manera incondicional sin importarle las consecuencias de los países de la región que considera su “traspatio” o “jardín trasero”.
La historia lo confirma. Veamos:
La lucha política entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, (URSS) y Estados Unidos (EE. UU.), que dividieron el mundo en áreas de influencia y dominio, terminada la Segunda Guerra Mundial, comenzó la llamada Guerra Fría que se extendió más allá del enfrentamiento político e ideológico. La Unión Soviética y el Tratado de Versalles, desaparecieron, el muro de Berlín cayó la noche del 9 noviembre de 1989, marcando el fin de la Guerra Fría, pero el poderío de Estados Unidos se mantuvo y su influencia aumentó en Europa, con el Tratado del Atlántico Norte (OTA) la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Organización de Estados Americanos (OEA), Ministerio de Colonias del hemisferio, entre otros organismos internacionales.
Todas las dictaduras latinoamericanas, salvo muy raras excepciones, han sido estimuladas y respaldadas por Estados Unidos, causando daños dramáticos en cada uno de los países afectados, violando derechos humanos fundamentales, reprimiendo, encarcelando, torturando, exilados, asesinando y desapareciendo miles de hombres y mujeres sin acusaciones, sin expedientes, sin cometer ningún delito y sin juicio previo del sistema de justicia, sustituido por los militares entrenados por los marines norteamericanos en sus escuelas de tortura y crímenes de los opositores, por razones políticas e ideológicas.
Estados Unidos prometió no “otra Cuba Socialista ni comunista en su jardín imperial” tras el triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro, su hermano Raúl, Ernesto -Che- Guevara y Camilo Cienfuegos, entre muchos otros. Previo apoyaron y respaldaron la dictadura de Fulgencio Batista, desde 1953 hasta 1959 cuando Fidel y sus barbudos arribaron a La Habana.
La historia de América Latina es la historia de las invasiones militares, del saqueo de sus recursos naturales, de la explotación, la barbarie, los asesinatos en masa de todos los imperios, principalmente de Estados Unidos.
Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil, México, Panamá, Colombia, Haití, República Dominicana, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Granada, Cuba, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Venezuela, etc. Todos han padecido largas y dolorosas dictaduras organizadas y financiadas por Estados Unidos con el pretexto de la libertad, la democracia y la justicia. Sin embargo, ninguno de esos países creció o se desarrollaron bajo esos regímenes dictatoriales. Al contrario, el daño institucional, político, económico y social fue enorme. Se necesitarán muchos años para recuperar todo lo perdido durante esa época de terror.
El Plan Cóndor, (Operación Cóndor), respaldado por EE. UU. y el HDP (Hijo de Puta, Henry Kissinger, fue iniciado en 1975 hasta 1990 en América del Sur (Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay, Perú, Chile) provocando la desaparición y muerte de miles de ciudadanos de esos países. (El horror llegó de sangre, dolor y luto a toda la región)
Un informe de un organismo de Derechos Humanos de Paraguay en 1992 habla, conservadoramente, de 400 encarcelados, 30 mil desaparecidos y 50 mil asesinatos. Otros informes elevan en más de un cien por ciento, las cifras. El Plan Cóndor fue una barbarie. Crímenes de lesa humanidad que nunca han sido castigados en su justa dimensión. Operación Cóndor fue un exterminio en el marco de la Guerra Fría que jamás podrá ser justificado.
Gobiernos democráticos, elegidos por sus respectivos pueblos, fueron derrocados mediante golpes de Estado. Verbigracia, juan Bosch, 1993, provocando una revuelta armada y la segunda intervención militar estadounidense para imponer la dictadura de 12 años de Joaquín Balaguer; Salvador Allende, 1973 para imponer al general asesino, ladrón y corrupto de Augusto Pinochet, hasta 1990. Esa historia se repitió en Nicaragua con los Somoza, Haití con los Duvalier, entre otros criminales respaldados por EE. UU.
Yo pregunto, ¿con qué calidad moral, con qué autoridad política, Estados Unidos califica de Dictador al presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, secuestrado y encarcelado ilegalmente como si fuera un perro rabioso?
Muchos en nuestro país y en el resto del hemisferio, parecen haber olvidado su historia de intervenciones militares, golpes de Estado, dictaduras, torturas, desapariciones, violaciones de los derechos humanos, corrupción y exterminio de generaciones completas.
Como he dicho otras veces: Así como EE. UU. dijo: “No más Cuba en América”, tampoco permitirá que otro régimen socialista se convierta en un ejemplo, como Cuba, para toda la región. El problema no es Maduro, como ya he dicho, el problema es “el Chavismo”, es lo que representa ideológicamente; es que Chávez recupero la dignidad del pueblo venezolano recuperando sus recursos naturales, renovables y no renovables.
Venezuela es uno de los países más ricos del mundo. Tiene mucho de todo. La mayor reserva portalera del mundo. Mucho oro, plata, agua, tierras raras, diamantes, bosques, etc. Toda esa inmensa riqueza Donald Trump y su grupo de delincuentes se las quieren robar. A ellos no les interesa la democracia, la libertad o la justicia, a ellos les interesa el petróleo. ¡Dejémonos de tonterías!
Venezuela es el país, junto con Rusia, que más sanciones padece en el mundo. Igual que Cuba, con un bloqueo criminal con más de 60 años al que oponen casi todos los países de las Naciones Unidas.
Ahora resulta que el Cartel de los Soles no existe ni ha existido nunca, que fue una mentira más, porque Venezuela no produce Coca, ni laboratorios para producir cocaína, que Maduro no es un terrorista ni un narcotraficante. Lo dicen las propias autoridades estadounidenses, que el secuestro fue ilegal, que violó el Derecho Internacional y las leyes de ese país, pues la invasión no fue autoriza por el Congreso.
Si Maduro fuera un dictador, su pueblo no estaría en las calles de todo el territorio reclamando su retorno al país y al poder.
Un dictador raro ese Maduro, que anda en las calles compartiendo con la gente humilde, bailando, cantando y disfrutando la vida con su gente. Maduro no anda matando ciudadano, torturándolos, desapareciéndolos. Los que se han marchado del país, sobre todo oligarcas, ha sido por decisión propio, porque no pueden mantener los privilegios irritantes que el sistema anterior le permitía, de evasión de impuestos y corrupción.
Si los chavistas encabezados por Maduro hubieran accedido al imperio, nada de lo que hoy sucede en Venezuela, estaría pasando.
Maduro no es el dictador, Desde mi punto de vista el dictador es Donald Trump, que amenaza no solo a Venezuela, sino a Cuba, Panamá, China, Rusia, Dinamarca, Canadá, México, entre otros. El que impone aranceles de manera unilateral, el que amenaza con invadir, el que alimenta golpe de Estadio, el que amenaza al mundo. Trump es la reencarnación de Hitler en el siglo 21.
PD: No digo que el “chavismo” sea un régimen perfecto. De hecho, no existe en el mundo un sistema perfecto. De igual manera creo que Maduro y los chavistas han cometido errores importantes en la conducción del Estado. Pero jamás me pondría de acuerdo con los enemigos confesos de la República Bolivariana de Venezuela, ni contra su gobierno. De igual modo jamás pediría una invasión militar, un golpe de Estado, o el secuestro del presidente Maduro, ni su encarcelamiento en cárceles estadounidense, por violar el Derecho Internacional. ¡Eso no! ¡jamás!

